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Columnistas

La igual dignidad en la empresa

Paula Valenzuela Gerente General Fundación Generación Empresarial

Por: Paula Valenzuela | Publicado: Viernes 22 de noviembre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Paula Valenzuela

Uno de los eslóganes más comunes de las marchas de las últimas semanas ha sido “Hasta que la dignidad se haga costumbre”. Sin embargo, esa frase que nos parece tan propia del estallido social chileno, en realidad no lo es tanto, ya que según el sociólogo y economista español Manuel Castells -quien vino a hablar al CEP-, aparece transversalmente en todos los movimientos sociales que están teniendo lugar en el mundo.

La nueva etapa que Chile comienza a transitar estará, sin duda, caracterizada por nuevos tratos: entre el Estado y los ciudadanos, entre las personas, y también entre empresas y proveedores, comunidades, clientes y colaboradores. En esta línea, hemos visto surgir iniciativas valiosas desde el mundo privado y gremial, como las de generar diálogos sistemáticos con los colaboradores, o como el desafío “10x”, que propone el compromiso de reducir la diferencia entre los mayores y menores salarios dentro de cada empresa, o de establecer umbrales altos de salarios mínimos. Estas y otras iniciativas indican que la empresa está esforzándose por ser parte de las soluciones a las problemáticas manifestadas.

Sin embargo, todavía está pendiente el desafío que se refiere a la dignidad, que es más profundo, ya que implica nuevas formas de relacionarse, lo que tiene que ver principalmente con factores culturales.

Desde la primera revolución industrial se hizo necesaria la división del trabajo, la distinción de funciones y la organización jerárquica de las compañías como forma de aumentar su productividad. Pero la posición en el organigrama no debiera decir algo sobre la forma en que la persona es tratada, dignificada o respetada en cualquier organización. Muchas veces confundimos separaciones que pueden ser sólo culturales como consustanciales a la jerarquía, cuando realmente no tienen justificación productiva alguna. ¿Acaso la diferencia de funciones o cargos justifica que las personas tengan acceso a baños de diferente calidad? ¿O a comedores diferenciados? ¿O a que haya diferentes tipos de almuerzos o bebidas?

El contexto actual entrega oportunidades para que cada organización, ante una diferencia de trato, pueda definir valores que se traduzcan en nuevos estándares de comportamiento con los distintos públicos de interés. Las preguntas que los gobiernos corporativos debiesen estar haciéndose en relación con el trato digno hacia clientes, proveedores y colaboradores, incluyen: ¿somos capaces de ver claramente dónde están nuestras falencias en este ámbito? ¿Estamos preparados para buscar cómo abordarlas?

Los cambios que vengan tendrán relación con la capacidad de los empresarios de salir de sus escritorios y apremiantes ocupaciones para aproximarse a las personas, generar encuentros y crear vínculos; verse las caras y reconocer en el otro a un igual en dignidad, recomponiendo –desde su flanco- el deteriorado tejido social.

Desarrollar una cultura de integridad en la empresa es tener una visión de propósito compartido, basada en la búsqueda del bien común, poniendo al centro el respeto y la dignidad de las personas. Perseguir esto es un objetivo inspirador y positivo, para responder, desde cada compañía, a los desafíos que la sociedad hoy nos plantea.

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