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Columnistas

09/08/2017

La imperiosa necesidad de austeridad fiscal

Guillermo Pattillo Director Académico del Observatorio del Gasto Fiscal

  • Por Guillermo Pattillo

    Guillermo Pattillo

    En estos días Hacienda y la Dipres están dando forma al proyecto presupuestario para 2018. Es algo bien sabido hoy que la restricción que enfrenta el fisco es dura y, por lo mismo, que todos los esfuerzos de reducción en la tasa de aumento del gasto son importantes. Algo que es bueno poner en perspectiva, recordando algunas cifras.

    En el periodo 2010-2013 el gasto del gobierno central creció a una tasa media anual de 4,6%, y 3,9% si se saca 2010, cuando el gasto creció por el proceso de reconstrucción. Entre 2014-2016 el crecimiento medio anual del gasto fue 5,9%. Si proyectamos un aumento de 4% para 2017, la tasa media durante este gobierno llegaría a un 5,4% real anual. Los ingresos, por su parte, crecerán del orden de 2% real promedio entre 2014 y 2017. Indudablemente, el resultado ha sido un déficit efectivo creciente; esa tendencia necesariamente debe cambiar en 2018.

    Habitualmente, en estas situaciones las autoridades a cargo de las finanzas públicas intentan reducir la asignación de recursos a algunos programas, postergar otros y tratar de bajar la tasa de aumento del gasto corriente y de capital. Pero rara vez se afecta el gasto en personal y menos a aquello que da “estatus” a los diferentes niveles jerárquicos dentro de la administración del Estado. Un ejemplo de esto es la dotación de automóviles de las distintas reparticiones públicas; en 2017 existen poco más de 7.800 vehículos en el sector público, esto significa algo más de 400 por encima de los que había en 2014. ¿Se justifica este número? Lo más probable es que no. Más aún, es discutible si es válido que la sociedad financie autos a una infinidad de cargos de segundo y tercer nivel. Otro ejemplo son las suscripciones a diarios y revistas; no existe información pública respecto al total gastado por cada agencia estatal por este concepto, pero claramente en el mundo digital de hoy es un gasto más que superfluo. De hecho, no existe ninguna razón para que con los impuestos se deba financiar este tipo de ítems.

    La austeridad fiscal no es solo un tema macroeconómico, ni solo relevante de destacar en periodos de mayor escasez de recursos; es un tema ético. Con sus recursos las personas pueden hacer lo que les parezca, pero con los que pone a su disposición la sociedad para cumplir ciertas funciones difíciles de sustituir, no. Sin embargo, un lado positivo de la compleja situación fiscal actual, es que debería hacernos revisar de modo permanente el grado en que realmente actuamos con la austeridad y, por eso, en qué medida podemos reducir despilfarros y costumbres que, por muy arraigadas que estén, implican una fuerte distorsión de los valores de nuestra administración pública.

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