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La importancia de fundamentos robustos

Miguel Ricaurte Economista jefe Banco Itaú

Por: Miguel Ricaurte | Publicado: Jueves 31 de mayo de 2018 a las 04:00 hrs.
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Miguel Ricaurte

Desde mediados de abril, las economías emergentes han sido golpeadas por volatilidad en los mercados financieros internacionales. Lo que comenzó como una fuerte depreciación de las monedas, pronto comenzó a cobrar víctimas. Una a una, economías como Argentina (hasta hace pocos meses el destino esperado para las inversiones en la región), Turquía (postulante para engrosar las filas de la Unión Europea hasta hace pocos años), Indonesia y, más recientemente, Brasil, han sentido el impacto de la mayor estrechez de las condiciones financieras globales.

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¿Qué diferencia a Chile -una economía pequeña y abierta- de estos grandes países en estos momentos de turbulencia financiera? La respuesta parece ser bastante simple: Chile (junto con otras economías emergentes) cuenta con fundamentos económicos robustos que le han permitido sortear la aversión al riesgo mostrada por los inversionistas internacionales en lo más reciente.

Primero: tipo de cambio flexible. Tras la caída en los precios de las materias primas (particularmente del cobre), el peso chileno vivió una marcada depreciación en un contexto de flotación cambiaria, lo que tuvo dos efectos. Por un lado, el encarecimiento de las importaciones resultante llevó a una caída en las compras de bienes extranjeros, compensando los menores ingresos mineros. Esto ayudó a que el déficit de cuenta corriente se moderara y se mantuviera en niveles acotados (en torno a, o por debajo del 2% del PIB desde 2014), limitando la vulnerabilidad de la economía a los choques externos. Adicionalmente, la depreciación de la moneda no motivó a las autoridades monetarias a “defender” al peso por miedo al impacto inflacionario, subiendo tasas de interés o, peor aún, (mal) gastando las reservas internacionales, fuente de credibilidad del sistema internacional de pagos en Chile. La reacción del Banco Central se circunscribió a su mandato legal: subir tasas cuando las presiones inflacionarias aumentaron entre 2014 y 2016, para luego brindarle estímulo monetario a una economía anémica durante 2017, de modo de evitar que las expectativas inflacionarias cayeran lejos de la meta.

Segundo: marco referencial de política fiscal. La regla de balance estructural orientó la discusión de la política fiscal (invito al lector a ver mi columna del mes de abril de este año, para una discusión más detallada). A pesar del estímulo fiscal que la anterior administración implementó con el fin de mitigar el efecto de los menores ingresos de cobre, no se tocaron los fondos soberanos, pilar de la credibilidad fiscal de Chile. Además, a pesar de haber mantenido un déficit fiscal relativamente abultado en los últimos años, la deuda pública sólo creció modestamente y podría reencaminarse a una senda de estabilización en el actual contexto económico (y con el correcto manejo de las autoridades pertinentes). Es resumen, el marco legal limitó los desbalances fiscales que pudiesen haberse generado en un momento de pobre crecimiento y bajos ingresos del fisco.

Tercero: acceso a los mercados financieros. Chile no sólo cuenta con acceso a precios bajos a los mercados financieros del mundo gracias al prudente manejo fiscal a lo largo de las últimas décadas y una cuenta de capitales abierta y con un mínimo de controles, sino que posee un mercado financiero doméstico muy profundo. Ejemplo de ello son los activos de los fondos de pensiones que representan más de un tercio del PIB de la economía, o que la riqueza financiera neta de los hogares casi duplica al PIB. Además, si bien Chile tiene una deuda externa de algo más de 60% del PIB, es un receptor neto de inversión extranjera directa (20% del PIB) y cuenta con activos que cubren parte importante de dicha deuda.

Por otra parte, el grueso de la deuda la tienen empresas no financieras, muchas de las cuales mantienen operaciones en moneda extranjera, lo que mitiga los descalces de moneda en sus hojas de balance.

En épocas turbulentas, los cimientos de la casa, esos que pasan desapercibidos la mayor parte del tiempo, se evidencian, dándonos tranquilidad de que podremos soportar el temporal.

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