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La imprudente represión de China contra las empresas

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La lista de compañías tecnológicas chinas que han caído en desgracia ante los reguladores es casi idéntica a la lista de historias exitosas en el sector de la tecnología.

Ant Group, la compañía de pagos que surgió del gigante del comercio electrónico Alibaba, se vio obligada a cancelar la cotización de sus acciones en Shanghái el año pasado. Los reguladores retiraron a Didi Chuxing, la aplicación de servicio de transporte privado, de las tiendas de aplicaciones poco después de su oferta pública inicial en Nueva York, alegando preocupaciones de seguridad nacional sobre su manejo de datos. Meituan, una aplicación de entrega de alimentos respaldada por Tencent, enfrenta una investigación antimonopolio, así como preguntas sobre su trato a los conductores.

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Ahora están aumentando los temores de que se implementen aún más medidas represivas en contra de las empresas privadas. El anuncio de que se les prohibirá a las compañías de educación obtener beneficios amenaza con acabar con el mercado de la educación privada de US$ 100 mil millones. La prohibición de que estas empresas utilicen entidades de interés variable (VIE, por sus siglas en inglés), una medida popular que les permite a los inversionistas extranjeros eludir las restricciones chinas, desencadenó una venta masiva generalizada de valores relacionados con China. Sin embargo, este impulso se redujo un poco después de que el regulador de valores de Beijing realizó una llamada para tranquilizar a los inversionistas internacionales el pasado miércoles por la noche.

Las medidas represivas reflejan en parte los mismos problemas en otros países que han conducido a la búsqueda de una regulación más estricta o la disolución de las grandes compañías tecnológicas. Una lista de las empresas en Estados Unidos que han tenido problemas con los reguladores también presentaría las historias de éxito del país, desde las aflicciones de Uber con respecto al tratamiento de sus trabajadores hasta la actitud de Facebook hacia la privacidad de los consumidores. La preocupación por el auge de las tutorías particulares en China refleja también la inquietud que existe en Occidente por la movilidad social y la incesante presión que se ejerce sobre los niños para que tengan buen desempeño en los exámenes. No hay nada inusual en la preocupación de China por los efectos del éxito empresarial en la sociedad en general.

Pero, aunque el “techlash” —crecientes opiniones negativas sobre las compañías tecnológicas o sus productos— es ya una historia conocida, hay importantes diferencias. Una de las más importantes es que, a diferencia de lo que ocurre en EEUU, los titanes tecnológicos chinos a menudo contaban con patrocinadores extranjeros en sus primeras etapas. Estos inversionistas tienen ahora, a su vez, que recurrir a las VIE o a las cotizaciones en las bolsas estadounidenses para rentabilizar su inversión.

En el futuro, las compañías innovadoras tendrán que pagarles a los inversionistas extranjeros una prima más alta para compensar la incertidumbre sobre las regulaciones o incluso sobre si un repentino anuncio del gobierno pudiera destrozar totalmente el valor de sus inversiones. Los funcionarios de Hong Kong están promocionando el territorio como un sitio alternativo, y potencialmente más seguro, para las cotizaciones, pero ahora los inversionistas verán esas garantías con escepticismo.

La cuestión es si al gobierno chino simplemente no le importan las ganas de invertir y ha calculado que la financiación internacional ya no es útil para el desarrollo, o si está intentando activamente disuadir a las compañías de cotizar en el extranjero. Las preocupaciones chinas en materia de seguridad nacional no se limitan al control de los datos, sino también al dominio de EEUU, mediante el dólar, del sistema financiero mundial. Tolerar la incertidumbre regulatoria a cambio de una mayor rentabilidad es una cosa; invertir en contra de los deseos de un gobierno chino que da muestras de querer que su economía se “desvincule” de la estadounidense es otra.

En última instancia, ésta es la diferencia más importante. La represión de China ha sido concebida, en parte, para demostrar el control del Estado sobre la economía, en contraste con las regulaciones estadounidense y europea, que generalmente tienen el propósito de proteger a los consumidores o garantizar un mejor funcionamiento de los mercados. Las medidas contra los empresarios no se han limitado a las grandes compañías tecnológicas; Sun Dawu, fundador de uno de los grupos agrícolas más exitosos del país, fue condenado el miércoles a 18 años de prisión, tras enfrentarse a las autoridades. Al éxito empresarial le seguirá inevitablemente el escrutinio, pero considerar el éxito como una amenaza que hay que contener podría costarle caro a China.

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