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Columnistas

16/05/2017

¿La luz al final del túnel?

Tomás Izquierdo Socio GEMINES CONSULTORES

  • Por Tomás Izquierdo

    Tomás Izquierdo

    Chile ha cambiado, estamos dejando atrás los tiempos en que el ciclo político permeaba muy poco al económico, y hemos retomado la tradición, que prevalece en el resto de Latinoamérica, según la cual el resultado electoral es una variable crítica al momento de evaluar decisiones de inversión. Tanto es así que el principal tema de interés en el área de asesorías económicas de los últimos meses es el escenario electoral.

    Hace un año asumíamos que el mercado se anticiparía al efecto positivo de un cambio político, lo que se reflejaría en mejores expectativas y clima de negocios y en un des-entrampamiento de la inversión. Ello no ha sucedido. Las expectativas, tanto de empresarios como de familias, no dan muestras de repunte, mientras los indicadores adelantados para la inversión no dan señales de pronta recuperación.

    ¿Qué explica la cautela y el pesimismo? ¿Por qué el mejor entorno mundial y regional no se refleja en nuestra economía? ¿Por qué el mejor precio del cobre no se ha traducido en dinamismo en la inversión minera? Posibles causas:

    Primero, el panorama político es ahora más enredoso que nunca. Lejos del escenario Piñera-Lagos, que dejaba tranquilos a los mercados, tenemos ahora una descomposición en el espectro político, particularmente en la centroizquierda, donde hay tres candidatos con probabilidades de sacar más de 10% cada uno. La NM se desmembró. La DC, clave para conseguir electorado de centro, tomó la opción del camino propio, mientras la izquierda tradicional se ve amenazada por el “Podemos chileno“, el Frente Amplio. En la derecha el cuadro se ve más ordenado, aunque no completamente, toda vez que las primarias se están dando en un clima más bien áspero.

    Aun asumiendo que Piñera es el candidato electo, es evidente que no la tendrá fácil. En una estrategia razonable, no está disfrazando su discurso con tintes continuistas, como en la campaña anterior, sino haciendo una crítica asertiva a una mala gestión del gobierno. La duda surge en si dispondrá del apoyo ciudadano y, sobre todo, de la base parlamentaria suficiente para las contra reformas que plantea.

    El entrampamiento de las expectativas y la inversión, entonces, guarda en parte relación con la prudencia de los empresarios. Esto es simplemente pragmatismo, conocer con mayor precisión el escenario antes de arriesgar inversión. Basta ver la incertidumbre que genera la reforma laboral en las futuras negociaciones colectivas de la minería para “aterrizar” el tema. Esto, junto con la incertidumbre regulatoria en el área ambiental, son factores centrales para entender por qué Chile cayó 28 puestos en el Ranking de Atractivo para la Inversión Minera, desde el puesto N°11 en 2014 al 49 en 2017.

    Segundo, se debe considerar una inercia negativa que trae la economía luego de años de bajo crecimiento y caída en la inversión, que se traduce en un deterioro importante en el mercado laboral. Esto actúa como un círculo vicioso: el deterioro en el empleo significa deterioro en el acceso al crédito y en las expectativas de las familias, con impacto negativo sobre el consumo o la compra de viviendas, todo lo cual lleva a frenar decisiones de inversión, afectando a su vez nuevamente el empleo.

    Con todo, aparecen algunas señales positivas. La macroeconomía está sana, contamos con instituciones valiosas, como el Banco Central independiente o la regla fiscal y todo indica que, sea cual sea el resultado electoral, el crecimiento volverá a ocupar un lugar prioritario en la agenda. Más aún, no es ingenuo pensar que, privilegiando dicho objetivo, se logre consensuar un apoyo parlamentario suficiente para realizar las correcciones más urgentes a las reformas.

    Este año está jugado, con un crecimiento que se ubicará en torno al 1,5%, pero para el próximo las expectativas apuntan a un crecimiento mejor, del orden de 2,5%, y sobre 3% para 2019. En un escenario económico internacional y regional mejor, con un precio del cobre que se sostiene en los niveles actuales, y con un cambio político que apunte a recuperar las confianzas, la inversión y el crecimiento, parece que dichas predicciones tienen, ahora sí, una real oportunidad de materializarse.

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