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La manera correcta de reequilibrar el comercio

Zhu Min Ex vicedirector gerente del FMI

Por: Zhu Min | Publicado: Jueves 3 de enero de 2019 a las 04:00 hrs.
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Zhu Min

La disputa comercial entre Estados Unidos y China reformuló el panorama económico y financiero del mundo en 2018, y podría hacerlo por muchos años más.

Con bienes potencialmente afectados por un valor sin precedentes de 600.000 millones de dólares, vale la pena considerar cuán útiles realmente son los aranceles para corregir los desequilibrios de cuenta corriente, que es el objetivo manifiesto de Donald Trump. El déficit de Estados Unidos alcanzó un peak del 5,5% del PIB en 2006; en 552.000 millones de dólares en 2017, es el mayor del mundo en términos absolutos.

Como deja en claro la perspectiva multilateral, el déficit de cuenta corriente de EEUU sólo se puede reducir mediante reformas estructurales para encarar el desequilibrio entre ahorros domésticos e inversión. Esas reformas se han vuelto mucho más urgentes ante el crecimiento descontrolado del gasto en programas de ayuda social, y ahora que el unilateralismo estadounidense en materia de comercio pone a prueba la confianza global en el dólar.

A pesar de estas realidades económicas, la administración Trump ha adoptado una perspectiva bilateral. Sus aranceles a las exportaciones chinas están destinados a mejorar la balanza comercial de Estados Unidos con respecto específicamente a China. Pero si Estados Unidos importa menos de China, simplemente importará más de otros países. Su déficit comercial general probablemente siga siendo el mismo o inclusive crezca aún más, como sugieren los datos más recientes.

Peor aún, los aranceles vienen de la mano de costos de amplio alcance. Como observó el economista estadounidense Henry George hace 132 años, “Lo que la protección nos enseña es a hacernos a nosotros mismos en tiempos de paz lo que los enemigos intentan hacernos en tiempos de guerra”. Por cierto, la historia está llena de casos de aranceles elevados que transforman las caídas económicas en depresiones importantes. E inclusive en un momento de crecimiento, los aranceles de la administración Trump no solamente obligarán a los norteamericanos a pagar más por las importaciones; también minarán la producción de su país, al distorsionar los incentivos comerciales y asignar mal los recursos. Es más, los aranceles son difíciles de revertir, porque alimentan intereses especiales e invitan a la represalia.

Sin embargo, a pesar de sus elevados costos de largo plazo, los aranceles son adictivos como un dispositivo político, porque les permiten a los gobiernos ofrecer endulzantes de corto plazo en lugar de reformas estructurales más difíciles. Pero aún si los políticos estuvieran dispuestos a hacer la vista gorda ante los riesgos de proteccionismo, los mercados no lo harán, como quedó evidenciado en la volatilidad de los mercados bursátiles de EEUU en octubre de 2018.

Que la perspectiva multilateral prevalezca o no por sobre la estrategia bilateral tendrá consecuencias importantes en el mediano y largo plazo. Obviamente, la visión multilateral ofrece una mejor comprensión de los desequilibrios comerciales que la perspectiva bilateral, de la misma manera que las reformas estructurales son una mejor alternativa que los aranceles. Al final de cuentas, los desequilibrios externos sólo se pueden resolver corrigiendo los desequilibrios domésticos. China ha adoptado este principio, por lo que su economía cada vez será más equilibrada y sostenible, sin importar el camino que elija Estados Unidos.

(escrita con Miao Yanliang, economista jefe de China para el Mercado de Cambio)

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