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La primera negra millonaria

Bernardita del Solar V

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Tenía todo en contra. Era pobre, era mujer y, además, negra en los Estados Unidos de fines del siglo XIX. Recién el 1 de enero de 1863, ese país había abolido la esclavitud, después de la cruenta guerra civil. Sarah Breedlove fue la primera de su familia en nacer en libertad en 1867 y se hizo conocida como Madam C. J. Walker, quien se convirtió en la primera millonaria negra de Estados Unidos. Una auténtica selfmade woman.

Su historia es inspiradora y actual para las mujeres del siglo XXI. Por eso en estos tiempos de cuarentena, recomiendo la miniserie de cuatro capítulos en Netflix, protagonizada por Octavia Spencer- que cuenta la vida de Madam C.J . Walker. Si bien la serie se permite algunas licencias cinematográficas que no corresponden a la realidad, el grueso de la historia es verídica.

Sarah quedó huérfana a los 7 años, se casó a los 14, tuvo su primera y única hija a los 18. Su primer marido murió y ella se trasladó a San Louis donde vivían sus hermanos. Allá se volvió a casar, pero su matrimonio duró poco porque su marido bebía en exceso y además, era violento.

Como muchas mujeres de su época que perdían su cabello a causa de la falta de hábitos de higiene, mala alimentación y al empleo de soda caústica en shampús y jabones para el pelo, ella –que en ese entonces trabajaba como lavandera- se quedó calva. Fue entonces, cuando se encontró con Annie Turnbo Malone, quien vendía con éxito una pomada para hacer crecer el pelo.

Al principio, Sarah trabajó para ella pero pronto advirtió como la buena emprendedora que demostraría ser, que había una oportunidad de negocio. Malone vendía sus productos teniendo como ideal el de belleza blanca. Sarah decidió ir por su cuenta, mejorar el producto inspirada en la importancia del peinado para las mujeres negras. Creó una cadena de distribución por la vía de empoderar a otras mujeres, formando a las llamadas "Walker Agents", su grupo de vendedoras, a las que organizó y ofreció muy buenas comisiones. Con ello su negocio creció hasta convertirse en un imperio de la belleza negra.

Su ambición con ello, no era sólo hacer crecer sus ventas, sino también dar independencia a las mujeres de los trabajos que les daban los blancos en esa época, que no eran muy distintos a los que desempeñaban las mujeres negras antes de ser liberadas: trabajadoras en el campo, lavanderas y servicio doméstico.

En 1908, decidió crear su propia fábrica y su escuela de belleza, innovando incluso al dar formación a distancia con clases por correspondencia. No le fue fácil conseguir los recursos que requería para hacer estas inversiones. En esos tiempos, no era viable para una mujer conseguir crédito en los bancos y ni los mismos negros que tenían recursos financieros querían invertir en un negocio liderado por una mujer. Pero, contra viento y marea, ella logró llevar adelante su empresa formando Madam C.J. Walker Manufacturing, con la ayuda del financiamiento que le dieron muchas de las integrantes de la Asociación Nacional de Mujeres de Color, llegando a tener más de 10 mil personas empleadas.

Adelantada a su época, cuando los trabajos para las mujeres eran muy limitados, ella promovió el talento femenino, organizando convenciones anuales en su empresa en las que premiaba a las mejores vendedoras, a las reclutadoras de nuevas agentes y a las que apoyaban a sus comunidades con obras de caridad. Fue tan visionaria que no se limitó al mercado norteamericano sino que llegó a vender sus producto en Centroamérica y el Caribe. Y más aún, tan moderna, que estableció en los estatutos de su compañía que solo podía ser presidenta de su directorio una mujer.

Consciente de que la educación era muy importante, hizo todos los esfuerzos para enviar a su hija a la escuela y ella misma asistió a una escuela nocturna. Por eso, ya millonaria se convirtió en filántropa, donando generosamente dinero para causas educacionales, para becas con el fin de que las mujeres siguieran estudios superiores, y para otras organizaciones que promovían la causa afroamericana como la NAACP, el equivalente negro de la YMCA. Fue también una activista de los derechos civiles, al punto que integró la delegación que en 1917 fue a la Casa Blanca a pedir al Presidente Woodrow Wilson que declarara los linchamientos como un delito federal.


Madam C.J. Walker murió en mayo de 1919, un año antes de que las mujeres estadounidenses consiguieran tener derecho a voto. Pero aún faltarían varias décadas, recién en 1965, para que los afroamericanos, hombres y mujeres, pudieran votar.

 

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