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La tiranía de las minorías

Matías Concha

Por: Matías Concha | Publicado: Martes 11 de octubre de 2016 a las 04:00 hrs.
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Parece común escuchar hoy en día sobre el desprestigio de un político, institución o alguna falta a la ética de una persona. En ese sentido, la buena conducta parece ganar y las malas prácticas perder, pero al tornarse periódicas este tipo de noticias es realmente prioritario poder hacer un paréntesis y ver bien quién está ganando, quién perdiendo y para dónde estamos convergiendo.

Se observa que mientras la clase política, empresarial e instituciones en general son ninguneadas gratuitamente, las encuestas hablan de una mayor proporción de gente que no se siente representada por ninguna propuesta. Resulta aún más preocupante que el 50% que no votó en la última elección, haya crecido a más del 60% según detallan algunos sondeos, lo cual nos lleva -si la tendencia continúa- a que la próxima elección sea decidida por muy pocos y que una vez que la persona sea elegida, gobierne con una alta proporción de la población que no se va a pronunciar, lo cual nos pone en una espiral que sólo lleva a un escenario de peligrosa ilegitimidad.

Es igualmente importante transmitir que el Chile del 2016 es un país muy distinto al que teníamos en 1990. Las nuevas tecnologías sumadas a un nuevo marco valórico de una población con altas expectativas y más derechos ha dado forma a un clima diferente que necesita de propuestas vigentes. Por ejemplo, en vez de pasar por el filtro de un editor, hoy en día cualquier persona publica a través de redes sociales su punto de vista en donde muchas veces el morbo y la descalificación se ve como la mejor manera de lograr un alto impacto mediático.

Asimismo, mientras que en la época de los acuerdos hubo entendimientos a puertas cerradas que significaron grandes logros y beneficios, ahora esa dinámica es vista como poco transparente, demandando una exposición que dificulta avanzar, perdiendo el espíritu del diálogo constructivo que para llegar a buen puerto se requiere de afinidad y discreción en muchas de sus etapas. En este escenario, ¿está todo perdido? En concreto, depende mucho del cómo.

Un buen ejemplo, puede ser el caso de las licitaciones eléctricas, iniciativa que surgió de discretas reuniones entre distintos actores relevantes que lograron imponer el sentido común y, avanzar en una efectiva política pública de incentivo a una generación a menor costo, que nos va a permitir como país ser más competitivos y tener un suministro de energía a un menor precio.

Complementando lo anterior, es fundamental defender el bien común de la mayoría por sobre el derecho o beneficio minoritario. De lo contrario, va a haber una tiranía de las minorías amparadas en un sistema democrático que desacreditando las instituciones nos amordazan con la complaciente benevolencia de la no participación de la gran mayoría que sí hace la diferencia.

Lentamente se nos está llevando a un escenario en el cual los grandes perdedores serán las instituciones y los grandes ganadores serán las minorías que por medio de la extorsión impongan su posición. En esta línea, si en vez de criticar al sistema, atacar a las autoridades o convertirse en el paladín de los derechos vertimos esa crítica para defender lo que es el sentido común, podríamos lograr mejorar el nivel de participación en las elecciones que a su vez permitiría generar un mejor clima para construir el país que todos queremos.

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