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Le queda poco tiempo a Juan Guaidó

Michael Stott © 2020 The Financial Times Ltd.

Por: Michael Stott | Publicado: Viernes 7 de febrero de 2020 a las 04:00 hrs.
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Michael Stott

Una de las peores crisis humanitarias del mundo está a punto de empeorar: ésa no era la impresión que Juan Guaidó, el líder de la oposición en Venezuela, quería dejar después de su gira de dos semanas por Europa y América del Norte.

Guaidó desafió la prohibición de viajar para presentar su caso en el extranjero, con la esperanza de obtener el apoyo de los aliados occidentales para derrocar al régimen socialista revolucionario de Nicolás Maduro y poner fin a la corrupción, la represión y el mal gobierno que han obligado a más de 4.6 millones de venezolanos a huir al extranjero.

Boris Johnson en Londres, Emmanuel Macron en París y Justin Trudeau en Ottawa mostraron interés y fueron compasivos a su causa. En Madrid, su visita se vio ensombrecida por la revelación de que un ministro del gabinete español se había reunido en secreto con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro, en la pista del aeropuerto de Barajas, a pesar de las sanciones de la UE que deberían haberle impedido aterrizar.

Altos funcionarios estadounidenses —y el Presidente Trump— siguen expresando su apoyo público a Guaidó y su campaña para elecciones libres y justas. Pero en privado, sus dudas están creciendo. “La administración Trump está reevaluando su estrategia”, dice Risa Grais-Targow, experta en Venezuela de la consultora Eurasia. “Hay frustración con respecto a la incapacidad de Guaidó para forzar el cambio”.

El ex asesor de seguridad nacional John Bolton le prometió a Trump que obtendría resultados rápidos en Venezuela. En cambio, una campaña estadounidense que promovió a Guaidó como líder interino de Venezuela, atacó a Maduro como un dictador ilegítimo e impuso sanciones económicas cada vez más severas, no pudo lograr un cambio de régimen.

Amenazados por un colapso en la producción de petróleo, una economía en ruinas e hiperinflación, Maduro y sus secuaces han encontrado nuevas formas de sobrevivir. La extracción de oro, el tráfico de drogas y las remesas cada vez mayores de la diáspora venezolana en el extranjero han proporcionado un flujo constante de dólares, según funcionarios estadounidenses. Las políticas socialistas, como los controles de precios y las restricciones a las importaciones, se han abandonado silenciosamente a favor de la dolarización y el comercio más libre.

El equipo de Guaidó todavía cree que puede forzar el cambio, pero queda poco tiempo. La afirmación de Guaidó de ser el líder interino de Venezuela es reconocida por EEUU, la UE y América Latina. Sin embargo, se basa en su presidencia de la Asamblea Nacional controlada por la oposición, la última institución democrática que queda en el país. Este año se celebrarán nuevas elecciones parlamentarias y es probable que el control estricto de Maduro sobre el sistema electoral, combinado con las divisiones de la oposición, le dé la victoria al régimen. Las encuestas muestran que los venezolanos están perdiendo la fe en la capacidad de Guaidó para generar cambios. Mientras tanto, los refugiados continúan saliendo de Venezuela a un ritmo de más de 3.000 por día.

Un número creciente de latinoamericanos prominentes creen que la crisis venezolana debe resolverse a través de conversaciones que involucren no sólo al gobierno de Maduro y a Guaidó, sino también a EEUU y los principales patrocinadores de Caracas, Cuba, Rusia y China.

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