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Lecciones de una ola regulatoria

FELIPE BARRIENTOS, Abogado, Master en Economía y Negocios de la Universidad de Pekín

Por: Felipe Barrientos | Publicado: Martes 11 de enero de 2022 a las 04:00 hrs.
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Felipe Barrientos

2021 fue un año para el olvido para los gigantes tech chinos. Si bien se perfilaba como un año auspicioso debido a una serie de anuncios de OPI en las principales bolsas mundiales, una implacable ola regulatoria tomó por sorpresa al mercado y ocasionó millonarias pérdidas a sus inversionistas. A más de un año de la fallida OPI de Ant, la incertidumbre aún persiste. ¿Cuáles son los motivos detrás de esta ofensiva regulatoria, y qué nos depara 2022?

En primer lugar, existe un componente ideológico y político. Por medio de la reintroducción del concepto de “prosperidad común”, el gobierno chino busca activamente un mayor rol en la redistribución de la riqueza y una mejora en la calidad de vida, dejando atrás un énfasis exclusivo en el crecimiento económico.

Esto es sin duda un acierto a nivel político: hoy, en China y en el mundo, existe amplio consenso en la necesidad de regular a las plataformas de internet. Así, medidas para proteger los datos personales, limitar el uso de videojuegos, formalizar la “gig economy”, e imponer fuertes sanciones a la evasión tributaria, son altamente populares en la población. La fuerza regulatoria china contrasta con la débil respuesta de sus pares occidentales, buscando demostrar a su población las ventajas del modelo y un compromiso irrestricto con el bienestar general.

Existen también consideraciones económicas. Los gigantes tech chinos han usado su posición dominante para adquirir agresivamente a competidores e imponerles trabas por medio de “walled gardens” digitales. Esto no solo atenta contra la libre competencia, sino que crea una excesiva dependencia en las superapps de los incumbentes (WeChat y Taobao/AliPay) que inhibe el flujo de capital hacia otras subáreas de la tecnología.

Es interesante notar el efecto redireccionador que ha tenido la ola regulatoria, donde startups de menor tamaño y de “tecnología dura” (semiconductores, robótica, biotecnología) se han visto fuertemente favorecidas. En efecto, en 2021 la industria de venture capital chino creció más de un 50% en comparación con el año anterior, anotando una cifra récord de US$ 177 mil millones. El reciente lanzamiento del Beijing Stock Exchange, en su principal hub tecnológico, es una muestra del interés en promover a estos nuevos actores.

Un tercer componente es la seguridad nacional. Al igual que Estados Unidos, China también busca tomar resguardos. Las empresas chinas listadas en EEUU se han enfrentado a un complejo ambiente regulatorio que permite al regulador americano exigirles información sensible, lo que ha llevado a China a implementar mecanismos de revisión previa de ciberseguridad antes de lanzar OPI en el extranjero (caso DiDi).

¿Acabará la volatilidad en 2022? Todo pareciera indicar que no. La ola regulatoria no es exclusiva del sector tech y posiblemente abarque a todo el sector privado e, incluso, a las empresas estatales. Una certeza es que la reciente arremetida regulatoria demuestra, una vez más, la importancia fundamental que tiene para nosotros el entender las lógicas propias bajo las cuales opera China.

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