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Los beneficios de la meritocracia

Dante Conteras Director del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social

Por: Dante Conteras | Publicado: Martes 8 de octubre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Dante Conteras

Recientemente se presentaron los resultados de la “Radiografía del Cambio Social”, donde se exhiben de forma consolidada las tres primeras mediciones anuales del Estudio Longitudinal Social de Chile (ELSOC 2016-2018), que analiza longitudinalmente la evolución del conflicto y cohesión en la sociedad chilena. El equipo de trabajo interdisciplinario y el cuestionario incluye preguntas de variados ámbitos (economía, sociología, psicología, ciencia política y estudios urbanos).

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Un aspecto de la encuesta que llamó poderosamente la atención de los comentaristas es la elevada identificación con el mérito por parte de la población entrevistada. La meritocracia exhibe una alta valoración entre nuestra población. Dicho efecto se ha observado también en otras encuestas públicas del país.

Los individuos identifican la educación, el trabajo y la ambición como aspectos clave para la superación y mejoras en bienestar. Llama la atención la estabilidad de esas apreciaciones a través del tiempo. Dada la naturaleza longitudinal de la encuesta, es posible corroborar la persistencia en dicha respuesta. Adicionalmente, es importante notar que este tipo de afirmaciones son independientes del nivel socioeconómico del entrevistado. En efecto, la elevada valoración por la meritocracia es declarada en hogares pobres, medios y ricos.

Un comentarista de esta encuesta correctamente apuntó que esta situación contribuiría a una “moderación” de los conflictos sociales. ¿Por qué ocurriría esto? Una sociedad (como la chilena) con elevada desigualdad de ingresos y baja movilidad social, ve tensionado su convivir. Bajo estas circunstancias resulta difícil ver opciones de superación, y la sensación de injustica (y eventualmente abuso) puede penetrar en las percepciones de la población. Por ello, la creencia en la meritocracia contribuiría a moderar estos estados de ánimo y eventualmente, a reducir los niveles de conflictividad. Por ello, tiendo a estar de acuerdo con esta opinión.

Sin embargo, es importante notar que esta situación no es estática. En un escenario dinámico, la valoración a la meritocracia puede verse dañada o comprometida si no se cumplen los sueños asociados a ella. Si la promesa de educación de calidad no logra el objetivo, si los empleos son sistemáticamente precarios y si el esfuerzo no alcanza para que nuestros hijos tengan un mejor futuro, entonces decepción y frustración se irán materializando en la población.

En este último escenario, los conflictos sociales tenderán a incrementarse y profundizarse. Por ello, para una mejor cohesión social, debemos usar a nuestro favor la valoración del mérito. Pero para ello, las expectativas deben ser cumplidas. El país debe brindar opciones de educación de calidad. Debemos ocuparnos de proveer compensaciones adecuadas en el mundo del trabajo y reconocer los esfuerzos que la gran mayoría de los chilenos realiza cotidianamente.

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