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Los impuestos y el gasto estatal racional

Rafael Rodríguez Presidente Seminarium Penrhyn International

Por: Rafael Rodríguez | Publicado: Jueves 7 de septiembre de 2017 a las 04:00 hrs.
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Rafael Rodríguez

Una de las características de quienes determinan el gasto público y quienes legislan sobre los impuestos es la falta de experiencia en el oficio de generar ingresos en negocios de cualquier naturaleza. Por lo general –aunque hay excepciones- se trata de personas que han sido empleadas o funcionarios de toda la vida y hablan de gravar utilidades y patrimonios con mucha soltura y un poco con desprecio del tema. Pareciera a veces que los impuestos para algunos de estos personajes se obtuviesen de la bóveda de Rico Mac Pato.

En el proceso de formar un negocio se pasa mal –sólo un 3% logra ser exitoso-, se sufre todos los meses para pagar los sueldos, el IVA, conseguir el capital de trabajo, lidiar con un cliente que no quiere o no puede pagar una importante venta hecha a crédito. En fin, el sufrimiento que pasan los 600.000 emprendedores de nuestro país, quienes lo pasan peor que sus empleados por producir bienes y servicios para la sociedad, muchas veces es por una compensación menor que la que recibirían como empleados. Por lo anterior no deja de dar rabia que la determinación de los impuestos a pagar sea hecha a veces en forma tan liviana, para ser tan malgastada en varios planes públicos de los cuales nadie se hace responsable después.

Suena razonable que el Estado cobre impuestos para cumplir sus funciones, pero un buen Estado tiene que hacer que esos gastos se usen en forma efectiva y eficiente. Molestan profundamente aquellos gastos que hace el Estado que no tienen beneficio alguno o mínimo. Por ejemplo, alguien le vendió al gobierno su idea de realizar un plan llamado publicitariamente Más Capaz y que era una idea genial. US$ 300 millones dólares fue el presupuesto asignado a esta brillante idea, que de tal no tenía nada de acuerdo a los especialistas en el tema. Bueno, es uno de los programas peor evaluados, entre otros varios que suman algunos millones de dólares botados a la basura.

La base de personas que está pagando impuestos a la renta y que está plenamente consciente de cuánto pagan, dentro de quienes se incluyen sufridos y otros menos sufridos empresarios, ha aumentado significativamente entre 2013 y 2016 -desde un 19,5% a un 24,2%-, pero el 100% de los chilenos pagamos IVA, que es el impuesto que recauda cerca de un 50% del total de gravámenes.

Propongo dar la información de cuánto va para financiar al Estado y al gobierno en cada compra; separando cuánto vale cada producto y servicio y cuánto se paga en impuestos. Así vamos a saber que por cada kilo de paltas pagamos $ 2940 y adicionalmente tenemos que pagar $ 560 al fisco, y que en un auto de $ 11.000.000 pagamos

$ 9.243.000 por el auto y $ 1.756.000 en impuestos. Creo que sería una forma fabulosa de aumentar la presión por la racionalidad de los gastos que efectúa el Estado y presionar por mejorar su asignación. Me imagino que la tolerancia al cartelito “voy y vuelvo” de la administración pública también será menor.

¿Se atreverían los políticos a ser tan valientes? Dado que no son tan finos en usar dichos fondos, aumentemos desde el otro lado la presión por el buen uso de los mismos… check and balances, es la fórmula del éxito de la democracia.

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