×
Luis Larraín

Economía de colaboración y regulación

Luis Larraín Director ejecutivo de Libertad y Desarrollo

Por: Luis Larraín | Publicado: Lunes 3 de abril de 2017 a las 04:00 hrs.
  • T+
  • T-
Luis Larraín

Luis Larraín

En su libro “The Sharing Economy” el profesor de NYU Arun Sundararajan se extiende sobre los patrones que él observa en la creciente cantidad de empresas que han surgido en el mundo, con gran éxito, sobre la base de una producción descentralizada que se junta con el cliente mediante una plataforma en internet.

Los casos emblemáticos de YouTube, Uber, Airbnb y Bla Bla Car, son analizados en la búsqueda de elementos comunes o patrones que se dan en estas empresas de economía de colaboración. Reflexiona también, y eso es interesante para nuestro país, acerca de la forma en que interactúan estas empresas con la regulación.

Si bien hay grandes compañías asociadas a estas industrias, generalmente éstas están en la distribución de los servicios más que en su producción, la que se encuentra descentralizada entre miles o millones de prestadores. Esta forma de hacer negocios llega a cada vez más áreas: el transporte, el turismo, las finanzas (el caso de Cumplo en Chile), la energía, la salud, la televisión, la música, etc.

Este es un mundo fascinante donde cada día se ven hitos que rompen nuestras creencias. Hay compañías de arriendo de autos que no tienen ningún auto. Bla Bla Car, que es una plataforma de viajes interurbanos en que se comparte un vehículo, transporta cinco veces más pasajeros que el ferrocarril francés en Francia y dos veces más que el norteamericano en los Estados Unidos, sin tener un solo vehículo, pues simplemente junta la oferta de autos, buses o camionetas con capacidad disponible con las necesidades de viajes de millones de pasajeros. Pequeñas empresas con reducidas flotas de vehículos están entre los principales oferentes.

Uber transporta a millones de pasajeros al interior de las ciudades sin tener un solo auto ni chofer. Su modalidad de carpool, una suerte de colectivo con recorrido variable, es de una eficiencia abismante ya que reduce el número de viajes en una ciudad congestionada a precios realmente económicos (una fracción de la tarifa Uber tradicional). Airbnb ofrece más camas de alojamiento que Marriott, sin ser dueño de ningún hotel.

Una de las características más importantes de estas industrias es la disrupción que introducen en las relaciones laborales. La tradicional relación empleador-empleado se rompe completamente y esta nueva economía permite que millones de personas ofrezcan sus servicios al público sin tener un empleador sino siendo sus propios jefes, sin un horario ni jornada sino graduando su oferta a sus propias y particulares necesidades y posibilidades. Se abre un gigantesco mercado de ocupaciones de tiempo parcial y de trabajo en el hogar que se adaptan mucho mejor a las necesidades de las personas que las rígidas normas laborales, que se adecúan a los cambios demográficos, a la incorporación masiva de las mujeres a la fuerza de trabajo. Nosotros entre tanto, rigidizamos nuestra legislación laboral.

¿Qué debieran hacer los gobiernos con la regulación de este tipo de plataformas? Primero hay que hacer notar que todas ellas surgen de la creatividad de las personas, sin regulación alguna. Ahora bien, una vez que existen y adquieren gran importancia empieza la presión por regularlas. Algunas veces esa presión nace de competidores que se ven afectados. El caso de Uber en Chile es un clásico. El Ministerio de Transportes envió un proyecto de ley que restringe seriamente las posibilidades de Uber u otras plataformas similares para favorecer a los taxistas. Comete la aberración de prohibir Uber carpool, que es mucho más eficiente que la restricción vehicular para enfrentar la congestión.

Arun Sundararajan afirma que estas plataformas requieren regulación, pero la forma de hacerlo es completamente distinta: menos regulación del gobierno y más autorregulación de las propias empresas, supervisadas por el gobierno. Esto porque las empresas se basan de tal manera en la confianza de los consumidores en su marca, que tienen mejores incentivos y están mejor capacitadas que cualquier agencia de gobierno para regular. ¿Se imagina usted una relación así entre gobierno y regulados en Chile? Estamos a años luz.

Lo más leído

DF Videos