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Luis Larraín

El triunfo de Obama y la economía mundial

Por: Luis Larraín | Publicado: Jueves 8 de noviembre de 2012 a las 05:00 hrs.
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Los mercados en todas partes del mundo estaban pendientes de quién sería el presidente de la nación más poderosa del mundo. Otro evento esperado por los mercados esta semana ha sido el cambio en la cúpula política en China, la segunda economía mundial, en que Xi Jinping reemplazará a Hu Jintao luego de diez años de Hu como presidente y Li Kequiang sucedería a Wen Jiabao como primer ministro. La cuestión en China es cómo mantener el ritmo de crecimiento de su economía, que ha sido el principal factor de dinamismo del mundo emergente lo que ha permitido escapar a una recesión global. La combinación de reformas a la economía china y participación en ese proceso de su población, en un ambiente de paz social, es el gran desafío del país más poblado del mundo.



Volviendo a Estados Unidos, un triunfo de Obama representaba el status quo, y desde ese punto de vista no se auguraban grandes cambios en la economía. Si el ganador era Romney, no obstante, algunas cosas podían cambiar, aunque no sabemos bien en qué dirección.

La economía americana está en un proceso de recuperación luego del fuerte impacto de la crisis subprime de 2008. El precio de los activos inmobiliarios y el consumo, los dos grandes “drivers” de una recuperación, han mostrado progresos en los últimos meses. Los precios de las viviendas aumentaron 2% en agosto y las ventas minoristas un 1,1% en septiembre. El crecimiento del PIB estimado para este año y el próximo se sitúa en torno al 2%.

La pregunta era si ese ritmo de recuperación de la economía, transcurrido tanto tiempo desde la crisis financiera, era suficiente para los votantes. La otra pregunta era cuánto influiría la economía en la elección. Obama, con una conducción relativamente errática y un discurso anti empresarial en ocasiones, dejaba la impresión que las cosas podían hacerse mejor.

Por eso algunos especulaban con una reacción positiva de los mercados accionarios si es que ganaba Romney, por mayor crecimiento y menor regulación, especialmente en el sector financiero. En el mercado de bonos, en cambio, se especulaba que un triunfo de Romney podía perjudicar el rendimiento de los bonos. Esto porque se suponía una política monetaria menos expansiva que los Quantitative Easing de la era Obama, lo que provocaría un incremento de las tasas de interés. En los mercados de renta fija un alza en las tasas de interés lleva inmediatamente a una desvalorización del precio de los bonos, en particular los pagarés del Tesoro americano, refugio de muchos inversionistas, instrumentos que pasan a ser menos valiosos porque prometen tasas de interés más bajas que las nuevas tasas de mercado. En cualquier caso, se esperaba una volatilidad menor ante un triunfo de Obama, dado que representa mantener las cosas más o menos como están.

Lo que ninguno de los dos candidatos había dejado demasiado claro es cómo se iba a enfrentar el llamado “abismo fiscal”, que se produciría al incrementarse fuertemente el déficit fiscal (en cerca de US$ 600.000 millones) por el término de algunas rebajas tributarias de la era Bush y nuevos programas de gasto fiscal que aumentan el gasto a partir de 2013.

Más impuestos, la receta de Obama; o menos gasto público, la de Romney, significan en cualquier caso un freno a la economía norteamericana y esa es una de las incógnitas que esta elección no ha despejado. La mayoría republicana en la Cámara de Representantes hacía a algunos mirar con más optimismo la posibilidad de que Romney manejara mejor el tema del abismo fiscal que Obama, pero eso siempre que lograra al mismo tiempo revertir la ventaja demócrata en el Senado.

La incógnita se despejó: Obama logró un claro triunfo y los demócratas siguen teniendo ventaja en el Senado, aunque más estrecha que la de los republicanos en la Cámara. Los mercados accionarios abrieron con bajas moderadas ayer, y la atención se traslada al 31 de diciembre de este año, que es el plazo para despejar las dudas sobre el abismo fiscal de 2013.

En pocas palabras, nada nuevo bajo el sol, al menos en Estados Unidos.

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