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Luis Larraín

¿Importa la desigualdad?

Una serie de artículos e intervenciones en el último tiempo ponen el acento en la desigualdad de ingresos que hay en Chile...

Por: Luis Larraín | Publicado: Jueves 28 de abril de 2011 a las 05:00 hrs.
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Una serie de artículos e intervenciones en el último tiempo ponen el acento en la desigualdad de ingresos que hay en Chile y luego de constatar que ésta es alta bajo estándares internacionales, concluyen, sin mucho análisis, que la forma de abordarla sería aumentando la carga tributaria. Antes de entrar a las soluciones creo que es lícito preguntarse si la desigualdad importa.



Mi respuesta es que, en el caso de Chile al menos, sí importa. Y es que la desigualdad en Chile está acompañada de importantes niveles de pobreza e incluso de indigencia. Si no hubiera pobres en Chile la respuesta podría ser otra, pero los hay y son muchos (cerca de 15% de la población); de modo que la otra discusión, teniendo valor teórico, carece de valor práctico.

El paso siguiente, antes de proponer soluciones, es tratar de determinar las causas y condicionantes de la pobreza. Una explicación relevante es de Larrañaga y Herrera (2008), que en un estudio concluyeron que el 72% de la reducción de la pobreza (entre 1990–2006) se explicaba por el crecimiento económico.

Esto es muy importante porque políticas destinadas a disminuir la desigualdad de ingresos como objetivo primario perfectamente podrían estar contribuyendo a aumentar la pobreza si es que afectan el crecimiento económico. Este es el argumento tradicional contra el uso indiscriminado de la herramienta tributaria para nivelar los ingresos y alguien podría decir que lo estamos esgrimiendo como excusa para no aumentar los impuestos sin examinar evidencia reciente.

Pero un estudio realizado en Libertad y Desarrollo en noviembre de 2010 por Paulina Henoch muestra que el efecto crecimiento (en este caso, la desaceleración económica) es la principal explicación del aumento de la pobreza en 2006-2009. Ya no estamos ante pura teoría o frente a resultados aplicables al Chile de los 90 y principios de esta década, sino frente a datos recientes.

El estudio muestra que la política social ha ido perdiendo focalización en los últimos 20 años, lo que nos habla de un preocupante aumento en el gasto social con baja efectividad: del total de gasto social, una proporción cada vez mayor se ha desviado a favorecer a personas que no son pobres. Un reflejo de esto es el reciente aumento de la pobreza en un período de fuerte incremento del gasto social.

La política de gasto social se ha considerado tradicionalmente como más efectiva que la tributaria para disminuir la desigualdad, ¡el problema es que la estamos usando mal!
Andrés Velasco y otros economistas de la Concertación han hecho una severa crítica a la política anunciada por este gobierno de eliminar el 7% de cotización de los jubilados para financiar sus prestaciones de salud. Una de sus objeciones apunta justamente a la mala focalización de una medida como esta. Lo que Velasco no dice es que la mala focalización empezó antes y con reformas que exigieron al erario más recursos que lo que costará la eliminación del 7%; estamos hablando de la gran reforma en el período de la presidenta Bachelet, la Reforma Previsional. Allí se inauguró la política social que considera como beneficiarios de los subsidios del Estado al 60% de la población.

Otra política que se discute hoy, la extensión del postnatal, es también un subsidio del Estado mal focalizado. La Concertación insiste en rechazar el tope de 30 UF que el proyecto del ejecutivo propone para el beneficio adicional, intentando así corregir esta mala focalización. Si bien hay otros aspectos del proyecto que no nos gustan, como la irrenunciabilidad porque afecta la empleabilidad de las mujeres, no entendemos cómo la Concertación se opone a este tope. De nuevo está abogando por políticas que aumentan la desigualdad.

Aumentar el gasto social empeorando su focalización es incrementar la desigualdad y mientras lo sigamos haciendo no sacamos nada con cacarear contra la desigualdad de ingresos. Porque la desigualdad importa, debiéramos preocuparnos de no aumentarla con malas políticas sociales. El Ingreso Ético Familiar es una oportunidad para volver a focalizar las políticas sociales en los que más lo necesitan. Su población objetivo debieran ser las personas que viven en la indigencia y no se encuentran aún capacitadas para resolver su problema a través de un mercado laboral cada vez más dinámico.

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