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Luis Larraín

Lecciones argentinas

Luis larraín Director Ejecutivo Libertad y Desarrollo

Por: Luis Larraín | Publicado: Martes 11 de septiembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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Luis Larraín

Le tengo simpatía a Argentina y a los argentinos (lo que no es la norma en nuestro país), por lo cual no me resulta grato escribir esta columna. Me gustaría que a Mauricio Macri le fuera bien y que ese país que tiene tantos recursos y gente muy talentosa pudiera salir adelante y dejar de rodar cuesta abajo. Pero creo que no lo hará. No le va a ir bien a Macri. Ojalá me equivoque.

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El plan del Presidente Macri tiene como elemento principal un impuesto a las exportaciones; vuelve así la era de las retenciones, tan propia del kirchnerismo. Néstor, que partió su carrera política como gobernador de Santa Cruz, tenía un enfoque de caja para el manejo de la economía. Todo iba bien mientras hubiera plata en la caja fiscal. Eso lo aplicó en la provincia y también en el país, cuando fue Presidente. Si faltaba plata en la caja, la solución era simple: un nuevo impuesto. El candidato obvio a gravar era quien podía pagarlo: los exportadores. Así se matan las ventajas competitivas de un país. Sabemos ahora que el enfoque “de caja” de Néstor Kirchner y Cristina, su esposa y sucesora, se aplicaba también a las finanzas personales, sólo que esta vez el instrumento era la extorsión.

El objetivo de Macri al gravar las exportaciones es equilibrar la caja fiscal hacia el año 2019, cuestión que al ritmo actual era imposible. Las “retenciones”, que no se devuelven o sea no son retenciones, son otra muestra del uso del eufemismo entre los argentinos, que han creado toda una jerga económica especializada dedicada a ocultar el verdadero alcance de las medidas que toman. Esperan recaudar un 1,1% del PIB con un impuesto de $4 por dólar a las exportaciones agrícolas, y $3 por dólar para el resto. Pretenden bajar el déficit fiscal de 2,7% a 2,6% del PIB este año, y de 1,3% a cero en 2019. En 2020 tendrían, según el plan, un superávit de 1% del PIB en lugar del equilibrio que esperaban en las proyecciones originales.

Es cierto que los anuncios incluyen una disminución del número de ministerios de 22 a 11. Pero la puesta en marcha de eso es compleja. ¿Cuál sería el ahorro de una medida como ésa? Que un ministerio pase a ser secretaría no garantiza que disminuya el gasto fiscal, que es el gran problema de la economía argentina. Llegó a 44% del PIB hacia fines del gobierno kirchnerista y no hay progresos importantes durante esta administración.

El primer año de gobierno de Macri diversos analistas cuestionaron que no hubiese medidas para bajar el gasto público ni otros cambios estructurales. El gradualismo se vendió entonces como un atributo político de Macri, que evitaba un tratamiento de shock para la economía. Las encuestas mostraron un aumento de su apoyo popular. Una demostración más de que ciclo político y ciclo económico no van de la mano. Condiciones económicas externas favorables, como un tipo de cambio alto, pueden haber actuado como un placebo que evitó que Argentina hiciera los ajustes cuando correspondía.

El FMI está buscando asegurar que le paguen sus préstamos. Hay un exigente calendario de pagos y Argentina está pidiendo al FMI US$ 29.000 millones en 2019 para no tener que endeudarse otra vez y aumentar los pagos de intereses. Esto significaría adelantar los recursos previstos para los años 2020 y 2021.

El plan de Macri puede estar evitando en el corto plazo una crisis de pagos, pero no está creando condiciones para que la economía argentina crezca. Simplemente está echando mano de los recursos que hay, lesionando la capacidad de crecimiento de Argentina. No hacer cambios estructurales pasa la cuenta, esa es la lección.

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