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Manuel Bengolea

Alianza público privada y Teoría de Señales

Manuel Bengolea

Por: Manuel Bengolea | Publicado: Viernes 3 de octubre de 2014 a las 05:00 hrs.
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A nadie le ha pasado inadvertido el cambio en el tono del ministro Arenas. A propósito de la reforma tributaria casi ralló en la hostilidad hacia los empresarios, pero ahora ha pasado a hacer un llamado sincero para establecer una alianza público privada con el ánimo de encender los motores de una economía que se ha mostrado tercamente floja en materia de crecimiento. El problema es que, emulando el refrán popular, obras son amores y no buenas razones.

La confianza empresarial, medida ésta por el índice elaborado por la Universidad del Desarrollo, está en el nivel más bajo desde mediados de 2009, cuando la economía sufría el impacto de la Gran Recesión, y nadie puede argumentar que el ciclo económico mundial esté ni cerca de una crisis, y menos de la magnitud de la del 2009. Por otra parte, las expectativas de los consumidores, otro motor importante de la economía, ha entrado en fase contractiva. En resumen, tanto empresarios como consumidores tienen un problema serio de expectativas, que se funda en la desconfianza de lo que la autoridad económica ha “hecho” hasta ahora.

Michael Spence, junto a otros, ganó en 2001 el premio Nobel en Ciencias Económicas por su aporte en la explicación de las señales en el comportamiento económico (Teoría de señales). Muy simplemente lo que esta teoría dice es que una señal será creíble para el mercado (empresarios y consumidores), sólo si el costo de ésta es visible y real.

Aquí es donde comienza la asimetría de información entre lo que el ministro de Hacienda desea, que tanto empresarios como consumidores abran generosamente su billetera para gastar, y lo que éstos quieren del ministro Arenas: tener certeza sobre el crecimiento económico, a lo menos en la parte en la que éste puede influir.

Por lo tanto, y basado en la teoría de señales de Spence, los llamados del ministro Arenas a formar una alianza público privada no servirían como aliciente a empresarios y consumidores, pues el costo de esa señal es casi cero. Hasta ahora, la señal que si ha impactado negativamente las expectativas de ambos agentes, es tanto la reforma tributaria, cuyo costo comenzamos a visualizar, como el ánimo refundacional que muchos perciben en la Nueva Mayoría. 
Si el ministro quiere transmitir una señal que impulse a empresarios y consumidores de manera de conseguir la inflexión en el ciclo económico, entonces la próxima debería tener un costo real. La oportunidad vendrá con la negociación de la reforma laboral. Ahí se verá si el ministro privilegia el transmitir tranquilidad a empresarios y consumidores, o si prefiere ganarse la simpatía de la calle y de los sindicatos. Cualquiera sea lo que finalmente elija, la decisión tendrá costos. Si adopta una reforma laboral que privilegie la productividad y flexibilidad laboral, se encontrará con la antipatía de sindicatos (CUT), protestantes callejeros y uno que otro político de su alianza. Si, por el contrario, la opción es favorecer a los sindicatos y a la calle, entonces la crisis de expectativas continuará.

Difícil decisión la del ministro Arenas. Probablemente, dado su ADN político, se inclinará por los sindicatos a la hora de emitir una señal. Con esta opción, sin embargo, las expectativas de consumidores y empresarios continuarán deteriorándose, pues el contenido de la anunciada reforma laboral, es realmente perjudicial para las empresas, y como son éstas las que generan empleo, también lo será para sus trabajadores, que son al final los consumidores.

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