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Más cautela al invertir en los gigantes tecnológicos

John Thornhill © 2019 The Financial Times Ltd.

Por: John Thornhill | Publicado: Jueves 11 de abril de 2019 a las 04:00 hrs.
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John Thornhill

El mundo entero condena los males del cortoplacismo financiero, la mayoría de las veces con mucha razón. Pero otro fenómeno se está volviendo cada vez más desconcertante: el largoplacismo excesivo.

Nos preocupamos cuando las empresas exprimen demasiado a sus activos existentes y dañan su salud a largo plazo. Pero también deberíamos centrarnos en una creciente cohorte de compañías que posponen constantemente el proceso de extracción de beneficios, prometiendo encender el motor de monetización en algún momento, en un futuro desconocido.

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Debemos considerarlo seriamente, ya que una manada de unicornios está galopando hacia los mercados públicos en EEUU y en otras partes. Todas estas compañías privadas están buscando recaudar miles de millones de dólares en una serie de ofertas públicas iniciales (OPI) mediante la venta de acciones a inversores del mercado de valores. Empresas como Lyft, Uber, Slack, Pinterest y Airbnb son negocios impresionantes en casi todos los aspectos, excepto uno: no ganan mucho o ningún dinero.

Eso, sin embargo, no parece perturbar mucho a los inversores del mercado. Al parecer, las ganancias eran una obsesión del siglo XX. Un estudio realizado por Jay Ritter, profesor de negocios en la Universidad de Florida, señaló que en 1980 sólo 25% de las empresas estadounidenses tenían ganancias negativas cuando llegaron al mercado. El año pasado, esa cifra fue de 80%. Lyft confirmó la tendencia en su reciente OPI cuando recaudó con éxito más de US$ 2 mil millones con una valoración de US$ 24 mil millones, a pesar de perder US$ 1.50 en cada viaje.

El ejemplo más extremo de una empresa que está prometiendo éxito en el mercado de valores, a pesar de sus aparentes dificultades financieras, es Uber. Fundada en 2009, no ha tenido ganancias en la última década. El año pasado registró pérdidas de US$ 3.3 mil millones sobre ingresos de US$11 mil millones. Sin embargo, los informes sugieren que su objetivo es obtener una valoración de US$ 120 mil millones a finales de este año.

Un columnista anticuado como yo tiene cierto respeto por las compañías que ganan dinero. Cuando estaba estudiando finanzas aprendí que la valoración de una empresa dependía principalmente de las predicciones de sus flujos de caja futuros, su rentabilidad y su dividendos.

Desde esa perspectiva, las empresas con respaldo de capital de riesgo y con pérdidas masivas que buscan sacar provecho de los mercados públicos cerca de la cima del ciclo, deberían evitarse tanto como los conductores ebrios los sábados por la noche. En realidad Lyft y Uber se parecen más a organizaciones filantrópicas, ya que extraen dinero de los ricos capitalistas de riesgo y subsidian el transporte urbano para millones de usuarios.

El ejemplo más sorprendente de cómo este tipo de dominio de plataforma ha recompensado a los inversores del mercado de renta variable es Amazon. Cuando salió a la bolsa en 1997, obtuvo una valoración de aproximadamente US$ 400 millones. Ahora tiene un valor de US$ 900 mil millones, aunque gran parte de ese valor se deriva de su negocio de computación en la nube, que se construyó mucho después de su debut en el mercado.

Invertir en estas OPI no es tanto una apuesta por los flujos financieros previsibles, sino por las estructuras de mercado imprevisibles. ¿Pueden los inversionistas actuales predecir qué nuevas innovaciones tecnológicas están a la vuelta de la esquina, cómo va a mutar la competencia o cómo van a responder los reguladores? Eso realmente es apostar por el largo plazo.

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