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Columnistas

13/07/2017

Matando la innovación

Daniel Contesse Vicerrector de Innovación y Desarrollo U. del Desarrollo

  • Por Daniel Contesse

    Acabo de leer un interesante artículo en el portal de educación EdSurge titulado “Cómo es una universidad reinventada: 4 modelos alternativos para la educación superior”. Éste habla sobre algunos proyectos que están marcando tendencia respecto de nuevas formas y nuevos modelos de hacer educación superior. Algunos partiendo desde cero, como Minerva, y otros que se están transformando, como Paul Quinn’s. Algunos proyectos universitarios apuntan a reducir los espacios físicos tradicionales y reemplazarlos por mayor interacción virtual. Otros planean el rediseño de cómo enfrentar la investigación universitaria. Otros ponen foco en la conexión entre el proceso de aprendizaje y el mundo real. En fin, una serie de ensayos y experimentos que andan detrás de la fórmula de la universidad del futuro.

    El artículo sintoniza muy bien con el debate mundial sobre educación superior, que dice relación con cómo las universidades enfrentan un mundo cambiante donde los alumnos, los métodos y las necesidades de la sociedad son muy distintos a los del pasado. Así como la industria y el comercio se preguntan qué cambios deben hacer para adaptarse y sobrevivir al cambio tecnológico, las universidades del mundo están en la misma encrucijada.

    Luego de soñar con las infinitas posibilidades que esta experimentación abre, despierto y recuerdo que vivo en Chile, donde el parlamento discute una ley de educación que nada habla de estas cosas. Más bien lo contrario, habla de aumentar los niveles de control central, de disminuir los espacios de autonomía, de definir centralmente más estándares comunes, de discriminar arbitrariamente a alumnos e instituciones, de privilegiar historia por sobre calidad, de disminuir los espacios de elección y decisión para instituciones y alumnos. En definitiva, una ley que tendrá como resultado un sistema mucho más homogéneo, con menos espacios para innovación y mejora y menos competitivo. ¿Quién en su sano juicio podría emprender hoy un proyecto como Minerva en Chile? ¿Quién podría siquiera pensar en cambiar la forma de enseñar alejándose de la mirada clásica y apostando por nuevas estrategias? Se debe tener mucho coraje y carácter para tomar este camino.

    Nuestro sistema de educación debería evolucionar junto con los más modernos del mundo para profundizar la posición de liderazgo que ya tenemos en la región. La nueva ley de educación podría haber sido el gran impulsor, pero lamentablemente apunta en la dirección contraria. La solución a los problemas y desafíos que enfrenta nuestra educación superior es más libertad, más incentivos a la innovación, más espacio para la experimentación, mayor cabida para propuestas distintas, justo lo contrario de para donde vamos.

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