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Matko Koljatic

Dinosaurios

Matko Koljatic Profesor Titular de la Pontificia Universidad Católica de Chile

Por: Matko Koljatic | Publicado: Martes 30 de octubre de 2018 a las 04:00 hrs.
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Matko Koljatic

“¡Son dinosaurios!”

Lo espetó un joven y exitoso empresario refiriéndose a los directorios de las grandes empresas chilenas. La ocasión fue un almuerzo organizado por Diario Financiero y la consultora Horton International, que nos había reunido para conversar sobre “El Choque Generacional y de Género en la Alta Dirección”, reunión que originaría una crónica posterior en el diario.

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La asistencia era muy diversa (como correspondía al tema): dos directoras de grandes empresas, dos consultores, dos empresarios “millennial”, un jefe de servicio en la administración pública, y yo, que me imagino fui invitado por mi condición de profesor universitario. Según lo acordado, la identidad de los asistentes queda “off the record”.

Una primera definición del diálogo fue que no había tal choque generacional en la alta dirección de las grandes empresas chilenas –que se podría entender como conflictos entre personas de distinto género y edad–, simplemente porque en la alta dirección hay muy pocas mujeres y aún menos jóvenes. Para sorpresa de los demás, el jefe del organismo estatal presente comentó que esta situación ocurre también en las empresas y servicios públicos.

La conversación rápidamente convergió en que las razones de ello eran los prejuicios existentes en los hombres e inherentes a la cultura machista de las organizaciones chilenas, que ponen trabas a la equidad de género e intergeneracional, en lo que se ha llamado “el techo de cristal”, una barrera invisible, pero infranqueable. Algún concurrente sugirió leyes de equidad y cuotas, ante lo cual el joven empresario, responsabilizando a los directores de las empresas —y llamándolos dinosaurios por su actuar lento y poco adaptativo—, manifestó que la solución era que debían renunciar todos, para ser reemplazados por gente joven y diversa.

En ese momento hice ver que hay académicos que discrepan de esta “sabiduría convencional”. El más destacado es Jordan B. Peterson, profesor titular de psicología de la Universidad de Toronto, autor del bestseller “Doce reglas para la vida”. Peterson argumenta algo tan evidente como que los hombres y mujeres son psicológicamente diferentes y nunca serán iguales. Basándose en el trabajo de intelectuales como Jung, Dostoievski y Nietzsche, pone en duda muchas de las políticas de recursos humanos actuales por ir contra la naturaleza humana. Utiliza evidencia de los países escandinavos, donde contrario a lo que se podría esperar, las mujeres jóvenes se siguen inclinando por trabajar en los sectores en que tradicionalmente se han desempeñado las mujeres —como la educación, salud y las ciencias sociales—, porque, según Peterson, tienen una inclinación natural hacia ello, y porque son carreras en que es más fácil conciliar familia y trabajo. Busque las entrevistas de Peterson en la red; le aseguro que lo desafiarán (también encontrará a sus detractores).

¿Mi opinión? Es un imperativo moral asegurar la igualdad de oportunidades en el empleo, sin discriminación alguna. Igualmente, asegurar la justicia en las evaluaciones.

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