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Mayor seriedad en la discusión tributaria

Por: Ricardo Walker, colaborador del Centro de Estudios Tributarios de la Universidad de Chile | Publicado: Jueves 20 de septiembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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Ricardo Walker, colaborador del Centro de Estudios Tributarios de la Universidad de Chile

A pocos días de su ingreso al Congreso, ya son varios los parlamentarios de oposición que han manifestado su desacuerdo con el proyecto de modernización tributaria.

Se oponen, entre otras cosas, a la reinstauración de un sistema tributario integrado, argumentando que ello beneficiaría principalmente a algunas grandes empresas. Lo anterior no es correcto. La reintegración propuesta justamente resguarda la equidad horizontal, donde su principal efecto es que dos personas con el mismo ingreso pagarán el mismo impuesto independientemente de la procedencia de sus rentas.

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También se oponen a las modificaciones introducidas a la norma general antielusión (NGA), ya que en su parecer "la debilitarían". Lo anterior tampoco es acertado. En nuestro último trabajo publicado hace ya algún tiempo, "Hacia una interpretación jurídica de la Economía de Opción y el Abuso en la NGA del Código Tributario", hicimos un esfuerzo por tratar de ilustrar la forma en cómo la actual normativa debiera de ser entendida bajo una interpretación estrictamente jurídica, atendidas las contradicciones y vaguedades que a ella le afectan.

La nueva normativa que se propone, a pesar de que en nuestra opinión en ella también se incurren en ciertos defectos que serían deseables que se pudieran subsanar –en su estructura–, está muy lejos de poder ser calificada como una disposición que se ha debilitado.

Asimismo, el nuevo tratamiento que el proyecto otorga a los gastos realizados por los contribuyentes, –en orden a que ellos se aceptarán cuando se encuentren vinculados directa o indirectamente al desarrollo del giro, entendiéndose por tal, el que se realiza para el desarrollo de las operaciones o negocios de la empresa, o el que se efectúa en interés de la misma–, es un entendimiento moderno y acorde con la realidad de las empresas, en contraposición al anticuado concepto de gasto necesario para producir la renta que actualmente rige, el cual se ha interpretado como sinónimo de obligatorio, indispensable, forzoso e ineludible, y que en la práctica ha significado que todos ellos terminen siendo rechazados.

La misma modernidad la encontramos con la incorporación de la Defensoría de Derechos del Contribuyente; así como también en la instauración del silencio positivo en materia tributaria, en la facilitación de la normativa sobre donaciones, o en las mejoras a la tributación de las ganancias de capital y a las que alivian la doble tributación internacional.

Se suman a esta disconformidad los funcionarios del SII, quienes para manifestar su contrariedad han organizado un paro, el que además de ser ilegal, es tan inaceptable, como lo sería, si la misma actitud fuera realizada por los jueces de la República en aquellas oportunidades en que no les parece el contenido de las leyes que deben aplicar.

Todo proyecto es perfectible, y para eso justamente está la discusión parlamentaria. No ayuda en nada a la prosperidad de las ideas, que ellas sean objetadas por el solo hecho de plantearlas y sin el necesario rigor de un serio y profundo análisis técnico, académico, y si se quiere, también político.

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