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Miguel Ricaurte

Diez años en Chile

Miguel Ricaurte Economista jefe de Itaú

Por: Miguel Ricaurte | Publicado: Martes 4 de junio de 2019 a las 04:00 hrs.
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Miguel Ricaurte

El 7 de junio se cumplen diez años de mi segunda llegada a Chile (viví aquí al comienzo de la década de 2000, cuando realizaba estudios de posgrado). En muchos aspectos, el país al que llegué es muy distinto al de hoy, aunque en otros no ha cambiado mucho.

Chile creció a una tasa promedio de 3,4% en estos diez años, algo más que el mundo (3,2%), pero menos que las economías emergentes (5,9%). El desempeño económico tuvo vaivenes, siendo el punto más bajo 2009, cuando el que hoy es el edificio más alto del país, entonces a medio construir y con una bandera chilena al costado, evidenciaba la mayor recesión desde la crisis de los 80. Chile se sumó a la rápida recuperación del mundo emergente post-crisis financiera internacional, para luego desacelerarse de la mano del precio del cobre y del deterioro del sentimiento privado. Cerraremos la década con un crecimiento algo por debajo del promedio (3%), y con perspectivas inciertas en un volátil entorno global.

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En un país abierto al mundo, los flujos de comercio (exportaciones más importaciones) han representado cerca del 50% del PIB durante esta década. La minería (y el cobre) ha reinado, representando más de la mitad de las exportaciones. El principal cambio es que Chile se volvió más sino-dependiente: al cierre del año pasado, casi un tercio de las exportaciones fueron a China, muy por sobre el 20% registrado una década atrás.

El crecimiento llevó a un alza del ingreso per cápita (desde unos US$ 10.200 en 2009 hasta casi US$ 16.000 este año) y trajo mejoras en bienestar. La tasa de pobreza y pobreza extrema pasó de bordear un cuarto de la población en 2009 hasta menos del 10%, según la más reciente encuesta Casen (2017). Considerando dimensiones no monetarias, la mejora es algo más modesta, pero no despreciable: la denominada pobreza multidimensional bajó de 27,4% de la población en 2009 a 18,6% en 2017.

A pesar de ello, la distribución de ingresos mejoró poco. Tanto la Casen como el Banco Mundial muestran índices de distribución de ingresos que no han cambiado demasiado en la última década. Más aún, y pese a la baja de la pobreza, la distribución de ingresos está entre las más inequitativas cuando se compara con países dentro y fuera de la región.

Demográficamente, Chile experimentó cambios profundos. En 2019, los 19,1 millones de habitantes (2,2 millones más que hace 10 años) son en promedio tres años más viejos (34,9 años), tienen menos hijos (tasa de fecundidad cayó de 1,96 a 1,6 hijos por mujer) y viven dos años más, (expectativa de vida al nacer es 80,6 años). Además, el flujo migratorio de los últimos años llevó a que, al cierre del año pasado, más del 6,5% de la población haya nacido fuera de Chile, un importante incremento desde 1%-2% diez años atrás. Por sus características, la migración reciente es más joven y educada que la población nativa, lo que implica que la dinámica laboral podría cambiar de manera permanente.

Además, Chile no ha sido ajeno a los cambios políticos globales. Aun cuando sólo dos personas han presidido, alternadamente, el país en esta década, la dinámica política dominada por dos grandes coaliciones desde la vuelta a la democracia está dando paso a un entorno más fragmentado y diverso.

Chile seguirá cambiando, es un hecho. La pregunta es si lo hará tanto como para que en 10 años más pueda escribir otra columna, comentando cómo se dio el salto al desarrollo.

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