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Miguel Ricaurte

La comunicación, el reto

Miguel Ricaurte Economista Jefe Banco Itaú

Por: Miguel Ricaurte | Publicado: Martes 1 de octubre de 2019 a las 04:00 hrs.
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La Ley Orgánica Constitucional del Banco Central de Chile cumple 30 años el 10 de octubre. Este cuerpo legal es parte de la columna vertebral de la institucionalidad económica chilena, clave para el éxito económico del país en las décadas recientes. La estabilidad del valor de la moneda y el buen funcionamiento del sistema de pagos domésticos y externos están al centro de las responsabilidades del Consejo del Banco Central. Alcanzar estos objetivos en un mundo crecientemente integrado y volátil demanda constante innovación por parte del “Central”, de cuyo equipo técnico fui parte durante más de cinco años. En particular, la efectividad de la política monetaria depende de su correcta comunicación.

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Las decisiones de política monetaria tienen como objetivo mantener las expectativas (o proyecciones) de inflación de los agentes económicos, ancladas en la meta del 3%. El Consejo decide periódicamente (ocho veces al año) qué hacer con su instrumento clave –la tasa de política monetaria (TPM)– y además da indicación en sus informes trimestrales de política monetaria (IPoM) respecto de la trayectoria futura de la tasa que sería coherente con el escenario económico más probable. Un ejemplo de comunicación efectiva ocurrió a fines de 2016, cuando el Central anticipó que vendría un ciclo de recortes de TPM, primero con un voto disidente por recortar tasas en la reunión de diciembre y luego, en el IPoM del mismo mes, indicando que la TPM llegaría a 3%, en línea con las expectativas (el ciclo finalmente se extendió hasta 2,5%). El Central logró alinear la visión del mercado, optimizando la transmisión a tasas de mercado.

A pesar de los años de experiencia y el crecimiento institucional, cambiantes condiciones pueden dificultar la comunicación en ciertas ocasiones. El último año es un ejemplo de ello. El mundo pasó de encontrarse en un escenario boyante, que hacía prever alzas de tasas, a uno en que los riesgos bajistas ganaron peso, justificando un mayor estímulo monetario. En el caso de Chile, el Central anticipó el comienzo de un ciclo de alzas tan sólo cuatro IPoM atrás, dado un cierre de brecha más rápido al estimado, y una guía de que la TPM alcanzaría territorio neutral (estimado en ese entonces en 4%-4,5%) hacia 2020.

Pero la guerra comercial y el pobre desempeño doméstico al comienzo de este año demandaron un golpe de timón de 180 grados. El IPoM de junio justificó un sorpresivo recorte de 50 puntos base en la TPM basándose en revisiones a parámetros estructurales (tasa neutral más baja en 25pb y mayor crecimiento potencial en 25pb), el que se estimó como suficiente para lograr la convergencia de la inflación a la meta. El Banco Central parecía poco dispuesto a incrementar el estímulo monetario en ese momento.

La debilidad de los datos de actividad e inflación tanto localmente como a nivel internacional y una elevada incertidumbre externa hicieron evidente lo que ya pensábamos algunos: era necesario incrementar aún más el estímulo. El IPoM de septiembre describió un escenario económico que ahora era de consenso y que no sólo justificaba un nuevo recorte de 50 puntos base sino, como mostraron las minutas de la sexta reunión del año, bajas adicionales en los próximos meses. En esta ocasión, tanto los precios de los activos financieros como las encuestas posteriores a la comunicación del Central, muestran una visión compartida entre el mercado y el ente rector: nuevos recortes de tasa vendrán, siendo altamente probable uno de 25pb en octubre.

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