Miguel Ricaurte

Schumpeter y la pandemia

Miguel Ricaurte Economista jefe Banco Itaú

Por: Miguel Ricaurte | Publicado: Martes 1 de diciembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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Este annus horribilis nos cambió la vida. Muchos pasamos a trabajar y estudiar en casa, mientras otros perdieron sus empleos y negocios. Algunos cambios serán transitorios, pero algunos están para quedarse y son lo que Schumpeter llamó “destrucción creativa”.

El Covid-19 llevó al más grande concierto de esfuerzo académico, político y económico en torno al propósito de desarrollar una vacuna efectiva contra el virus responsable de la mayor pandemia en 100 años. Mientras que llevar una vacuna al mercado normalmente toma entre 8 y 10 años, se buscó acortar este período a no más de tres. Con casi 10 vacunas ya en fase III de pruebas y avances en la infraestructura productiva, las vacunas podrían estar listas para distribuirse tan pronto como 2021.

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En el intertanto, se adoptaron medidas de distanciamiento social para mitigar el avance del virus. Con ello se ha logrado reabrir gradual y paulatina la economía. Aunque ha habido retrocesos durante el invierno del hemisferio norte, parece que esta nueva ronda de cierres sería más corta y menos costosa que la vivida en el primer semestre del año.

Pero aún hay camino por andar. La Organización Mundial de la Salud estima que se podrían producir unas 2.000 millones de dosis de distintas vacunas durante 2021. Aunque no se necesita vacunar al 100% de las personas, expertos estiman que entre 60% y 70% de la población debería tener inmunidad (ya sea por haber padecido la enfermedad del Covid-19 o habiendo sido vacunada) para cumplir con el criterio de “inmunidad de rebaño”: cuando suficientes individuos del grupo son inmunes a la enfermedad para que el virus vaya “desapareciendo” por sí solo. Con 7.800 millones de habitantes en el planeta, deberían producirse unas 4.600 a 5.500 millones de dosis de la vacuna. Considerando la capacidad productiva de vacunas, seguiremos teniendo que vivir con medidas sanitarias paliativas al menos hasta 2022 o 2023.

Hay poca duda de que lo peor quedará en 2020, año que será recordado por la mayor recesión global del último siglo, con el PIB mundial cayendo algo más de 3,4%, mientras Chile se contraría 5,5%. En 2021, la consolidación de las reaperturas, el avance de la vacuna y los estímulos económicos favorecerán un crecimiento de 5,9% para el mundo y de 5,5%, con sesgo al alza, para Chile. Si bien el producto mundial volvería al nivel de 2019 durante el próximo año, en regiones como Latinoamérica, esto no ocurrirá hasta fines de 2022 o principios de 2023. En Chile, aún con pesar de las medidas de estímulo aplicadas, incluido un probable segundo retiro de los fondos de pensiones, volveremos a niveles pre-pandemia recién a principios de 2022.

Pese a la recuperación, habrá producción perdida, particularmente relacionada con el consumo de servicios de entretención, hospitalidad y transporte que no se consumieron durante las cuarentenas. Más aún, la velocidad con que se inmunice a la población será clave para la evolución futura de los sectores relacionados a dichos servicios. Además, podría haber un cambio estructural en los patrones de consumo de las personas (por ejemplo, si optan por trabajo o estudio a distancia, vacaciones a destinos locales, etc.).

Esto, a su vez, cambiaría la demanda por mano de obra, en detrimento de empleo para atención presencial, hacia distribución y logística. La adopción de tecnología que ha permitido mejorar la productividad de varios sectores vendrá con costos de ajuste para aquellos que serán menos relevantes en el mundo post-Covid.

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