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Modernización tributaria: una mirada desde el desarrollo e infraestructura

Por: Felipe Ulloa, exconsultor de la Cepal | Publicado: Jueves 24 de enero de 2019 a las 04:00 hrs.
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Felipe Ulloa, exconsultor de la Cepal

Una reforma tributaria, según su enfoque, puede impactar de forma favorable o desfavorable en los niveles de crecimiento del país (negativo -1.5% de crecimiento o +1.5% de crecimiento). No obstante, el objetivo de todo Gobierno debería ser ir en la senda de mejorar la vida de las personas y no de grupos particulares (se deben eliminar gastos discrecionales a nivel estatal de recursos públicos). Por lo tanto, una mayor recaudación fiscal acompañada de indicadores de gastos y un control de gestión adecuados, son una prioridad.

La infraestructura se comporta como los impuestos (ver elasticidades asociadas a infraestructuras del 0.15), es decir, si los impuestos fueran como una carretera, un alza de impuestos a las personas, se traduciría en una restricción a la libertad individual de decidir y en el caso de la carretera esto sería una reducción de pistas que impediría el desplazamiento adecuado. En este sentido, subir los impuestos a las personas sería algo así como reducir la carretera para que se puedan desplazar las personas, desincentivando que se eleven los niveles de producción y productividad. Los impuestos deben grabar a las corporaciones.

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Toda modernización tributaria debe favorecer los esfuerzos de los individuos por querer producir más y ampliar sus niveles de consumo, por tanto, se hace necesario pensar en la rebaja del IVA (del 19% al 10% como lo es el caso de California, que se posiciona como la séptima economía más importante del mundo) y la rebaja de ciertos tramos de impuesto a la renta de las personas. Ejemplificando esto con una carretera o infraestructura de transporte público de alto estándar, se traduciría en un aumento de la capacidad vial para asegurar un mayor número de los desplazamientos de personas y a mayor velocidad.

En tanto infraestructura y transportes, si el Estado asegura la movilidad de las personas brindando más y mejores servicios de desarrollo de infraestructuras, los individuos pueden moverse y cumplir con sus expectativas de vida y de futuro, generando así mayor renta para el país y por tanto, incrementando los niveles de PIB, solo por el hecho de no ver restringida su movilidad: es decir, si se disminuye el IVA de las personas en casi 10%, el consumo privado o de hogares (visto desde la macroeconomía en matriz de insumo producto de Chile 1985, 1993, 1996, 2003 2008, 2011 publicada por Banco Central, consumo privado equivale al 60% del PIB) aumentaría linealmente en ese mismo 10%.

En el ámbito del desarrollo de la infraestructura existe consenso entre expertos internacionales y nacionales que "si hay congestión en las infraestructuras el país no crece y si el país invierte en infraestructura el país sí crece", este crecimiento se asocia a las siguientes elasticidades: la elasticidad de la producción respecto de la inversión en infraestructura, fluctúa entre el 0,07 y el 0,10 (Calderón et al, 2011); Por su parte, de acuerdo a estimaciones recientes (2018) elaboradas por la CChC, la elasticidad de largo plazo de la infraestructura pública a PIB es del orden de 0,15. Esto quiere decir que si se invierte en infraestructura el país aumenta su PIB en los ratios señalados.

A lo anterior, se debe sumar la idea de que las nuevas tecnologías y la infraestructura de datos para que estas operen, deberían ver rebajadas las tasas impositivas para que Chile pueda ser un anfitrión que reciba nuevas compañías de nivel mundial como lo es Amazon, Netflix, Uber, Facebook y Google, entre otras que dinamizan los mercados e imprimen competitividad, además de la generación de nuevos empleos tanto en el sector tecnológico como en los otros sectores económicos asociados, sean estos transportes, construcciones y servicios financieros por mencionar algunos.

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