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Nueva Constitución: ¿gigante con pies de barro?

Pablo Valderrama Director ejecutivo de IdeaPaís

Por: Pablo Valderrama | Publicado: Jueves 16 de septiembre de 2021 a las 04:00 hrs.
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Pablo Valderrama

El pasado martes, la Convención Constitucional se anotó una victoria parcial y muy celebrada por quienes esperamos el éxito del proceso: "¡Se respetaron los dos tercios!" –Exclamaron rápidamente algunos. Y es cierto, se respetó la regla para la aprobación de normas constitucionales, lo que, en el actual estado de la discusión, sin duda es digno de un aplauso. Sin embargo, no se ha reparado lo suficiente en el hecho de que esta regla constitucional tiene un segundo elemento: el reglamento de votación también requiere dicho quórum. Como se sabe, este fue vulnerado flagrantemente por la gran mayoría de las fuerzas políticas al aprobar las reglas de votación por una mayoría simple.

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¿Y por qué nos debería importar esto? Quizás con buenos argumentos, muchos le bajarán el perfil. “Lo importante es que se respetaron los 2/3 para las normas constitucionales” –dirán algunos autocomplacientes; o “no es tan grave si la Constitución del 80 ya está desahuciada” –sostendrán otros. Sin embargo, no deja de llamar la atención la soltura con la que alrededor de 118 convencionales, a sabiendas, infringen las reglas mínimas del proceso del que forman parte. Quienes están redactando la próxima Carta Fundamental no temen violar directamente la norma constitucional vigente, la misma por la que fueron electos e hizo posible el plebiscito que abrió las puertas para la Convención Constitucional.

¿Qué podemos esperar para el futuro? Imaginemos que el proceso sigue su rumbo con éxito, aprobamos el plebiscito de salida y contamos con una nueva Constitución democrática y participativa. Ese texto, probablemente respaldado en su entrada en vigencia, regirá en un ambiente en donde violar las normas se ha vuelto un acto tan normalizado –a pretexto de bienes supuestamente superiores– que poco margen habrá para que sea lo que se espera de una Constitución: una norma suprema e inviolable. Dicho de otra forma, las normas que ese texto contenga se transformarán en un hecho vacío e insípido si no existe una cultura de respeto hacia ellas.

Esto supone un desafío enorme para las fuerzas democráticas y moderadas que habitan en la Convención. Las hay tanto en la centroderecha como en la centroizquierda y son ellos los que, una vez más, deben servir de quilla para los meses que vienen, especialmente cuando estamos a sólo semanas de comenzar la discusión de fondo, momento desde el que se comenzará a fraguar el nuevo texto constitucional.

Como se ve, este asunto es de la mayor importancia. Por lo mismo, a pesar de guardar un cierto optimismo, no está de más recordar que corremos un riesgo severo: comenzar el camino rocoso y sinsentido de una Constitución robusta, plagada de derechos y reconocimientos identitarios, que, sin embargo, de seguir por esta ruta, sólo será un gigante con pies de barro, incapaz de imponerse en una sociedad que la vulnerará cuando simplemente crea que es necesario.

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