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Oposición anémica

Pablo Valderrama Director Ejecutivo IdeaPaís

Por: Pablo Valderrama | Publicado: Jueves 3 de octubre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Pablo Valderrama

¿Cuál fue el peor error de la oposición en su acusación constitucional contra la ministra Cubillos? Ni las faltas en la redacción del libelo ni haber sido incapaces de cuadrar algunos votos. Tampoco permitir que el diputado Venegas (DC) diera un discurso por más de dos horas ni que solicitaran el pareo para Tucapel Jiménez (PPD) a último minuto, quien no podía votar por estar recién operado.

No. El error de la izquierda fue pensar que su unidad se jugaba en esta movida concreta. Fue responder “absolutamente” –como lo hizo la diputada Orsini (RD)– ante la pregunta de si esta acusación era una prueba de fuego para la unidad de los opositores.

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Lo anterior es una muestra más de la grave confusión en la que navega la oposición. Pensar que de instrumentos extremos –y el consiguiente daño al gobierno– renacerá la otrora fidelidad, es creer que la política es una mera estructura vacía de ideas. Es pensar que sólo faltan acuerdos administrativos que faciliten la coordinación para hablar de una oposición unida y que, por el contrario, ese vano concepto llamado “ideas” juega un papel muy menor. No es de extrañar, entonces, que sólo se observe a Fernando Atria y a Óscar Landerretche, ambos del PS, tratando de impulsar algo así como un proyecto político de izquierda en Chile, mientras los demás parecen no entender a qué se refieren. En consecuencia, les surge la necesidad de volver una y otra vez a los artilugios mecánicos que ofrecen la Constitución, las leyes o los reglamentos para encontrar allí unidad.

Esta falta de proyecto político –o si se quiere, esa desconfiguración ideológica– atraca también en los puertos de los radicalismos y desvirtúa el sentido de la oposición. Ante la desorientación, los trenes más extremos lucen más atractivos y parecen ofrecer las respuestas que a ellos les faltan. Eso explica que gran parte de la ex Concertación se deje seducir por el ímpetu frenteamplista y abandone ese clima moderado que alguna vez vistió.

Como sea, el punto que nos viene a reafirmar esta acusación constitucional –incluso si se hubiese aprobado– es que la oposición es un paciente bastante enfermo. No terminal, claro está. Pero sí que arrastra una anemia muy mal cuidada. Le falta un proyecto ideológico y se ve constantemente tentada a ser vagón de cola de los radicalismos obstruccionistas, olvidando de paso que en una democracia, una oposición sana es un pilar fundamental.

Lo problemático, sin embargo, es que después de este batatazo la oposición tendrá aún más dificultades para comprender su papel democrático y que los artilugios a los que suele acudir no le entregarán respuestas. Probablemente esta acusación profundizará la anemia y les impedirá comprender la necesidad de ir un poco más allá. Y por mientras, como ya se mencionó, corren dos proyectos ideológicos: Atria y Landerretche. Y si me preguntan a mí, prefiero al frente a Óscar que a Fernando.

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