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Columnistas

19/05/2017

Orwell versión 2017

Rafael Mies Ph.D. Profesor titular Cátedra de Capital Humano Coca Cola Andina ESE-Universidad de Los Andes

  • Las millonarias inversiones del Partido Comunista de Chile, su patrimonio inmobiliario, sus dirigentes viajando en primera clase han sido el último gran escándalo en la prensa. También lo han sido sus hermanos menores del Partido Socialista, quienes han maximizando el retorno de sus inversiones al más puro estilo Billions o Wall Street. Estos hechos no pueden sino traernos a la memoria aquella proclamación de los cerdos que controlan el gobierno de una granja en la novela “Animal Farm”, de George Orwell. “En esta granja todos los animales son iguales, pero hay algunos más iguales que otros.”

    Esta célebre frase es un comentario perfecto que nos demuestra la hipocresía de los gobiernos que proclaman la igualdad absoluta de sus ciudadanos, pero dan poder y privilegios inimaginables a una pequeña élite de sus dirigentes y simpatizantes.

    Si bien es impresentable el nivel de ganancias económicas de estos partidos, lo que realmente resulta desconcertante es que por años hayan hecho del beneficio económico y los privilegios sociales su bandera de lucha contra cualquier institución con un pensamiento social, político o antropológico distinto a su ideología igualitaria.

    Peter Drucker, el maestro del management moderno, señalaba de manera preclara que a los líderes se les podían perdonar muchas cosas, incluso el mal genio o la torpeza, pero lo que nunca se les perdonaría era la inconsistencia entre lo que decían y lo que hacían.

    El mismo Drucker también señalaba como condición básica en el ejercicio del liderazgo la humildad para reconocer que el ser humano, y por lo mismo sus gobernantes, son seres limitados e imperfectos. En sus palabras “polvo destinado al polvo, necesitados de ayuda y redención”.

    Eso sí, el reconocimiento de esta limitación no ha de ser entendida en ningún caso como un permiso para delinquir. Un abuso será siempre un abuso y deberá ser castigado en proporción a la falta. Por lo mismo, precisamente porque se trata de una naturaleza imperfecta es que el talante moral de los que dirigen las instituciones públicas y privadas, deberá ser particularmente recto en estos temas.

    Estados Unidos, un país muy cuestionado y de muchas contradicciones en diversos aspectos de la vida personal y social, nos da un verdadero ejemplo en estas materias. El dinero y los privilegios son parte de la condición humana, pero ellos son legítimos y aplaudidos cuando se han ganado honestamente. De esta forma, quien prueba haber sido exitoso en lo privado, pasando el duro escrutinio de su sistema legal, está también habilitado para el liderazgo en el ámbito público. En la “granja” americana, todos los animales son distintos y todos pueden realizar el sueño de viajar en primera clase o vender un bien inmueble con una interesante plusvalía.

    Creo que Chile, en muchos aspectos, se parece bastante más a la “granja americana” que a la que describe Orwell en su libro.

    El gran riesgo para nosotros es que la clase empresarial, principalmente sus líderes, se corrompan al punto de impedir el crecimiento y la igualdad de oportunidades para todos. Para ello, al igual que en el país del norte, una Fiscalía fuerte e incorruptible y la tolerancia cero al abuso, puede ser la clave del desarrollo futuro y sin complejos ideológicos.

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