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Padre Hugo Tagle

Año nuevo, vida nueva

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 31 de diciembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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Así dice el refrán popular. Si un “cambio de folio” total o un “borrón y cuenta nueva” no son posibles, el inicio de un nuevo año sí marca un antes y un después. Y es una buena excusa para tomar buenos propósitos. Aquí, algunas sugerencias.

Por de pronto, propónganse inyectar más pasión a sus tareas y trabajos, cualesquiera que sean. La vida es corta. Sólo tenemos esta vida para hacer el bien. Propóngase dar lo mejor de sí en su trabajo o tareas, sobre todo en ser un buen colega y compañero.

Entregue más tiempo a su familia. Lo sabemos. Pero inventamos excusas para no cumplirlo. Evite las horas extras, los compromisos sociales innecesarios, las pérdidas de tiempo. La familia es lo mejor que tenemos. Aprovéchelo.

Junto a lo anterior, disfrute y agradezca la vida que Dios nos regala. Nada es obvio: la salud, el trabajo, los amigos. Acentúe las cosas buenas, las alegrías sencillas de la vida. Evite quejarse o encontrarle “peros” o el lado malo a todo. Disfrute “perder el tiempo” con sus hijos, pues son una de las mayores bendiciones que Dios le ha dado.

Encuentre la mano de Dios en todo lo que tiene y, con ello, mire a cuántos más les hace falta. Sea solidario. Si no está suscrito a alguna organización de ayuda, sería bueno que lo haga. Tomar conciencia de lo mucho que sufren otros -enfermos, ancianos, niños solos- nos hace más humanos.

Baje de peso. O, en otras palabras, haga más ejercicio. Más de la mitad de los chilenos estamos con sobrepeso. Me incluyo. Y no es una cuestión de vanidad corporal. Es por salud corporal y mental. Haga más deporte, ojalá en grupo, con otros. Si fuésemos más deportistas, tendríamos menos problemas sociales, menos depresión, estrés y soledad.

Deje de ofenderse por todo y de pelear contra todos. Un defecto muy de generación millennial. Cultivemos la paciencia y el buen trato. Evitemos la violencia. Cuántas personas se ofenden por cualquier cosa, estallan si el conductor de adelante no va más de prisa, se encolerizan por un desorden casero. Y en consecuencia agreden, gritan, insultan, ofenden, se vengan, toman represalias y lo peor, ¡se amargan la vida y se la amargan a los demás! Pensemos más antes de hablar. Murmuremos y “pelemos” menos. Cultivemos una mayor caridad en el lenguaje.

Acérquese más a Dios. Cualquiera sea su credo, practíquelo. Rece más, que será tiempo ganado, no perdido. De esa relación se desprende todo lo demás. El éxito de nuestros objetivos depende en gran medida de la cercanía a Él, al mundo sobrenatural. Y mire con fe el nuevo año. Así se empieza mejor.

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