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Padre Hugo Tagle

El meteorito que no fue

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 14 de octubre de 2019 a las 04:00 hrs.
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El falso anuncio sobre la caída de un asteroide, que habría acabado con la mitad de la vida en la tierra, levantó polvareda hace unas semanas. Tanto así, que incluso la NASA tuvo que desmentir la falsa noticia –fake news- para calmar la histeria “virtual” que se sembró por las redes sociales. Finalmente, todo falso. Nada ocurrió. Aún estamos aquí.

Cada cierto tiempo surgen voces apocalípticas anunciando catástrofes que acabarán con el mundo. El efecto multiplicador de internet hace que lo que antes corría lento de boca en boca, hoy ser propague por el globo en segundos.

Lo de la caída de meteoritos no es nuevo. Se suma a esto la real preocupación por los efectos de los cambios de temperatura que, como se ve año a año, traerán fatales consecuencias si no mejoramos nuestra relación con el medio ambiente. El caldo de cultivo apocalíptico perfecto.

Hoy sabemos más de la fragilidad de la tierra, de sus fortalezas y debilidades; lo expuestos que estamos a fenómenos cósmicos y cómo dependemos de la protección de la misma atmósfera, que permite que la vida exista: 60 meteoritos la impactan cada hora, miles año a año, pero la mayoría se quema por completo al entrar a nuestra atmósfera. El mundo es un reloj de notable sensibilidad y precisión, ante lo que sólo queda maravillarnos.

Aprovecho esta falsa noticia para reflexionar ante la fragilidad de la propia existencia. Por muchas seguridades que tomemos, existe un porcentaje no menor de variables que escapa a nuestra previsión y seguridades. En Chile sabemos de lo inestable e imprevisible de la naturaleza por tantas catástrofes naturales, empezando con los terremotos. No hay posibilidad de preverlos. Pura incertidumbre y ninguna certeza.

Lo cambiante e imponderable de la naturaleza lleva al hombre de fe a poner su confianza en Dios y a vivenciar el día a día con agradecido asombro, contemplando y admirando la propia vida y el entorno como un regalo inmerecido del Creador.

La vida es el verdadero y gran milagro en este concierto asombroso que es la creación. En lo inerte de ella, somos una excepción, absoluta, insólita. Podríamos no existir y, sin embargo, somos. Quien ha estado cerca de la muerte, lo sabe mejor que nadie.

A Martin Luther King se le atribuye la frase: “Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol”. Se vive mejor, es más, solo se puede vivir, cultivando una actitud de confianza en Quien mantiene todo, fe, y esperanza en el futuro. Es el acicate para la vida bien vivida.

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