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Columnistas

10/04/2017

Honestidad

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

  • Por Padre Hugo Tagle
    Padre Hugo Tagle

    Padre Hugo Tagle

    Las noticias sobre desfalcos y apropiación de dineros en forma ilegítima han conmovido a la opinión pública. Ojalá no caigamos en una suerte de resignación fatalista ante esta seguidilla de escándalos y no bajemos los brazos en sancionar a los culpables. No somos un país corrupto. Los índices de corrupción son bajos, comparados con los de otros países de la región. Pero eso no es consuelo. Debemos redoblar los esfuerzos en el combate a la corrupción, a la pillería y sinvergüenzura, sancionar a los culpables y devolver a la ciudadanía la confianza en las instituciones. La justicia es lenta, pero debe llegar. Una sana convivencia social descansa en la convicción de que “hay justicia”; de que “el mal se paga”, de que el ser honrado “vale la pena”; de que ello no es signo de debilidad sino de fortaleza. Que el país no es de los pillos, sino de la gente honesta y trabajadora, los que pagan impuestos y no montan castillos de aire o engatusan a la gente para robar y chantajear. La frescura no puede tener la última palabra.

    Y en esto, los gremios empresariales deben ser más severos en denunciar y condenar. La justicia más proactiva y con mayores competencias. En fin, pero vamos en el camino correcto en el sentido de que hay mayores investigaciones y, aparentemente, mayores sanciones.

    Las altas cifras de evasión del transporte público son un signo de deterioro de la honradez cotidiana. Se ha esparcido la idea de que “todos lo hacen” y no es así. La mayoría de los chilenos somos gente honesta. No nos acostumbremos al mal. Quien no paga un servicio, se lo está cargando a otro. Le está robando. Así de simple.

    Prediquemos y premiemos la honradez. Una maquinaria de robos en Carabineros de Chile nos ha desconcertado a todos. Esperamos que se sancione a los culpables y se devuelvan los dineros mal habidos.

    El Papa Francisco invitó hace unas semanas a “hacer crecer la economía de la honestidad” sobre todo “en este tiempo en que el aire de la corrupción impregna todo”. Pero no se nos pide ser solo honestos, que es normal, sino “difundir y radicar la honestidad en todo el ambiente, una lucha contra la corrupción”.

    Empecemos por las cosas pequeñas. Pagando el transporte público, devolviendo lo que no me pertenece, no comprando enseres de dudosa procedencia. Eduquemos a los hijos en la integridad y honradez. Seremos un país más justo y fraterno. Los días de semana santa son una buena oportunidad para renovarnos en la veracidad e integridad. Un buen propósito pascual.

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