Padre Hugo Tagle

La olla común

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 20 de julio de 2020 a las 04:00 hrs.
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Sólo en Lo Espejo existen al menos 75 puntos donde preparan cerca de 8.000 raciones de comida a la semana. Campañas vecinales de panaderías solidarias, encargos de mercadería, se multiplican por doquier. La Iglesia, en torno a parroquias y capillas, da asistencia a miles de familias en esta hora difícil con comida u organización de comedores fraternos. “Entre todos nos apoyamos” y “Nadie se salva solo”, son algunos de los slogans de estas campañas en estos meses de confinamiento y cuarentenas.

¡Quién no ha recibido un mensaje por ayuda para alguna de estas iniciativas! Y si no lo ha recibido, busque donde dar una mano. Siempre hay alguien más necesitado que uno.

El ser humano no está diseñado para buscar solamente su propio bienestar. El escritor Colin Tudge, comentando a Darwin, dice que “aunque la competición es una cuestión inevitable, la esencia de la vida es la cooperación. La vida no es una pelea. Es un diálogo, y un diálogo constructivo a fin de cuentas. Si no lo fuera, no habría vida en absoluto”. La cooperación es el camino de la existencia, no el conflicto. El ser solidarios no es mera candidez o jugar a los buenos. Una virtud que es un tremendo activo que se debe apoyar y fomentar. En la adversidad, brota lo más noble y, a su vez, se revela la inteligencia de las personas.

Destaqué en una columna anterior la infinidad de geniales iniciativas laborales en la venta de todo tipo de productos por internet. Una suerte de “capitalismo salvaje”, un mercado libre para vencer la escasez y desempleo en esta pandemia. Y pasada la peste, seguro serán comienzo de emprendimientos que se regularicen y produzcan riqueza y bienestar familiar. El apoyo a lo local, donde una mano ayuda a la otra, será esencial en el post-coronavirus.

Hay dos servicios que deberían recuperar su componente solidario: salud y pensiones. Hay que devolverles su sentido social, como en las ollas comunes, sobre todo a lo que se refiere al fin de la vida. Sin duda el ahorro individual debe continuar. Pero a su vez, no es cada cual “rascándose con sus propias uñas” como construimos sociedad. Será tarea del conjunto social el asegurar una vejez digna, para que ésta no sea una pesadilla o carga. Todos ganamos con una tercera edad dignificada.

Vivimos una hora doblemente difícil con las tensiones sociales y violencia. La inmensa mayoría de los chilenos quiere vivir en paz, es honesta y trabajadora. La violencia, lo sabemos, perjudica a los más pobres y vulnerables.

Celebramos a la Virgen del Carmen el jueves pasado. Buena aliada en esta hora difícil.

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