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Padre Hugo Tagle

Llegaron los robots

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 8 de abril de 2019 a las 04:00 hrs.
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En 2018, el robot Michito Matsuda quedó de tercer lugar en la contienda por la alcaldía de la ciudad de Tama, en Japón. Por su capacidad de analizar grandes cantidades de datos, proponía hacer políticas más justas y acabar con la corrupción. Esto, que parece chiste, es realidad. No es un caso único. De Rusia a Nueva Zelanda, máquinas inteligentes se están presentando como candidatos, haciendo campañas electorales.

A hacerse el ánimo. No sólo en política podemos ser reemplazados. Ya grandes compañías, como las hidroeléctricas, que para su construcción requieren de cientos de obreros, funcionan con tres o cuatro operarios. El resto, una cadena automatizada desde el principio hasta el producto final. Y hoy, las nuevas líneas de Metro no requieren chofer.

Elon Musk, fundador de Tesla, señala que deberemos fusionarnos con las máquinas si no queremos ser irrelevantes. Bill Gates sostiene, incluso, que los robots deben tener las mismas responsabilidades fiscales que los humanos, por lo tanto, deberán pagar impuestos.

En 40 años, más de la mitad de los actuales trabajos no existirá y surgirán otros nuevos. Los trabajos de mayor exigencia desaparecerán y nos concentraremos en aquellas irreemplazables por una máquina: apoyo emocional, educación, arte, cuidado de ancianos o enfermos. Son tareas que requieren empatía y comprensión humana, difícilmente reemplazables por robots. Aún.

Los especialistas discrepan en la evaluación de este cambio. Algunos, pesimistas, dicen que las personas vivirán más y necesitarán trabajar por más tiempo, pero las pensiones no alcanzarán; en tanto, las empresas producirán más bienes y más riqueza con menos empleo. Pero nada de eso. El punto es prepararse. Exige flexibilidad, previsión y creatividad.

Si se hacen las cosas bien, tendremos más tiempo para la familia, para el crecimiento personal, para los hobbies. En vez de “trabajar menos”, habrá que “reinventarse”, obligando a un perfeccionamiento constante. Aprenderemos una profesión u oficio que exigirá ser flexibles para “mantenerse vigente”.

Soy de los que creen que no hay nada que temer. El trabajo humano será irreemplazable. Pero hay que comprenderlo como lo que realmente debe ser: una forma de desarrollo personal antes que de sola subsistencia. Dice el Papa Francisco: “Trabajando nos volvemos más personas. Nuestra humanidad florece, los jóvenes se vuelven adultos trabajando. Los hombres y mujeres se nutren del trabajo. Éste es fuente de dignidad. Los lugares de trabajo son también lugares del pueblo de Dios”. Y eso nunca lo logrará crear un robot.

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