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Padre Hugo Tagle

Niños déspotas

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 13 de enero de 2020 a las 04:00 hrs.
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Déspota es aquel que abusa de alguna cualidad, de su fuerza o de su poder en su relación con los demás, quien quiere que siempre se haga su voluntad y, si no, recurre a la fuerza, a la pataleta o victimización.

Me llamó tristemente la atención la actitud de los voceros de los grupos escolares –niños, la verdad– que, recurriendo a amenazas, histeria y golpes, lograron que en algunos colegios no se rindiera la PSU y que la prueba de Historia sea postergada. No fueron los argumentos ni las buenas ideas. Abusaron de su minoría de edad y de ese halo de intocabilidad que erróneamente se les ha regalado, jugando a las víctimas y sobre todo recurriendo a la fuerza bruta. Como el niño al que le da una pataleta para obtener el dulce que quiere.

Pero la culpa no es sólo de ellos. Es de los adultos que están detras de ellos y que, con su silencio o connivencia, su falta de carácter, los azuzan y apoyan. Patético. Parece que algunos están empeñados en ridiculizar las legítimas demandas sociales del 18-O. Atornillan al revés ¿Es a eso a lo que se aspira? ¿La ley del más fuerte y violento?

Se escucharon tímidas recriminaciones de algunos sectores afines a estos niños. Un amago de regaño al atropello a la libertad. Abunda el miedo y eso es una mala señal y mal consejero. Al igual que en el cobarde “el que baila, pasa”, aquí unos pocos se escudaron en esa aura de invulnerabilidad que se les ha regalado para atacar a compañeros suyos.

Se ha repetido en todos los foros que el actual modelo de selección universitaria está lejos de ser bueno. Urgen correcciones o simplemente cambiarlo por otro. Algunas universidades han introducido exigencias complementarias. En fin, sabemos de sobra sus falencias. Por lo demás, los mismos que dieron la PSU éste y años anteriores, saben de las debilidades del sistema. Así y todo, cumplieron su deber. Aún hay esperanza: Se impuso la cordura en la mayoría, por lo que el boicot, en realidad, fue un fracaso.

Nada, absolutamente nada justifica el atropello cobarde que sufrieron miles de alumnos por parte de unos pocos. Y los que más perdieron fueron los más pobres y vulnerables. Resulta tanto más indignante que los mayores atropellos los sufrieran alumnos en escuelas de sectores modestos, que deben vencer muchos obstáculos para dar la PSU. Cobardes.

Sin respeto al otro, sin respeto a un mínimo orden ciudadano, no es posible la democracia. Renovemos el respeto al otro y a las reglas del juego democrático. No puede ser que prime el despotismo, la ley del picado: “Voy perdiendo, me llevo la pelota para la casa”.

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