Padre Hugo Tagle

Propósitos cuaresmales

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 24 de febrero de 2020 a las 04:00 hrs.
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Pasado mañana es Miércoles de Ceniza, inicio de la cuaresma. Cuarenta días en que se acompaña a Jesús en su camino a su pasión, muerte y sobre todo, resurrección. Cuaresma es tiempo de cambio, revisión de la propia vida.

La fe no es otra cosa que caminar acompañando al Señor, dejarse querer por Él y preguntarse: ¿Cómo puedo ser mejor? ¿Qué puedo cambiar en mí para asemejarme más a Él y a su vez, ser mejor persona, más humano? Preguntas simples de hacer, pero difíciles de responder. Desafiantes.

La visión cristiana de la vida es esencialmente confiada, trascendente. El creyente contempla la historia con sentido de eternidad. Nada es tan terrible, salvo la muerte. Y ésta, tampoco lo es. Para el creyente, es puerta de entrada al Cielo. Al final de la vida, incluso en las situaciones más adversas, hay luz. Una luz que no se apaga. Creemos en un Dios de vivos, no de muertos. Cristo vence a la muerte. Y esa gran certeza de que hay una vida que continúa, acompaña, da vigor, fuerza, seguridad; permite vivir más apasionadamente el presente.

Por ello, hay que mirar el futuro con esperanza. No es optimismo meramente humano, o alegría pasajera. Es la esperanza que consuela en la aflicción, el dolor y el sinsentido de tantos momentos tristes.

Se nos invita en esta cuaresma a tres cosas. Primero, a crecer en vida interior, diálogo con Dios. Tendremos que rezar mucho este año. Hay que pedir sabiduría divina, buen criterio, sangre fría, para afrontar con éxito los desafíos que se nos vienen por delante.

Segundo, asociamos con cuaresma el hacer alguna renuncia. Pensamos siempre en renunciar a comida, pero haremos bien en cultivar una actitud más solidaria y austera ante el uso de los recursos de que disponemos, comenzando por el agua y la energía. Los creyentes somos los primeros que debemos cultivar una conciencia de responsabilidad por el medio ambiente.

Y se nos invita a ser solidarios, a compartir con otros de aquello que tenemos, sobre todo lo que tenemos en exceso. De nada sirve acumular para esta vida y no preocuparse de la eterna. La Iglesia organiza la colecta cuaresmal, en que se recuerda a los que sufren, ¡tan cerca nuestro y no los vemos! La verdad, el tender la mano a quien sufre es una actitud infusa en el alma del creyente. Cristo está en el que sufre. Es él mismo quien sufre en los enfermos, ancianos, presos, pobres, migrantes.

Todo marzo es tiempo cuaresmal, de conversión y crecimiento en la fe. Los creyentes tenemos una gran responsabilidad por crear un mundo más justo, fraterno y unido. Ahora es el tiempo.

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