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Padre Hugo Tagle

Sociedad de extraños

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 4 de noviembre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Parte de la violencia desatada la semana pasada -y espero que a estas alturas haya desaparecido- no nos debe extrañar tanto. Uno de cada tres niños chilenos ha sufrido violencia física en sus hogares. Si sumamos la psicológica –maltrato, gritos, garabatos–, esto se dispara a sobre el 50%.

Nos tratamos mal. Es cierto que fuimos testigos de una violencia inusitada, casi diabólica; de una maldad, rabia y desvaríos nunca vistos. Bajo el lema “que arda todo”, grupos bien organizados terminaron con casi la mitad de las capitales de Chile. Y peor, pequeños pueblos cuyos habitantes vivían, hasta ahora, en paz.

Pero estalló una violencia que, lamentablemente, se incubaba ya en nuestras relaciones humanas. Un reclamo habitual en los lugares de trabajo tiene que ver con “el trato”. Burlas, ninguneos, faltas de respeto, actitudes arrogantes, distantes, frías. Humillaciones. Urge un nuevo “pacto social” que nos lleve a ser más integrados, a saber y confiar más en el otro; a que los lugares de trabajo sean verdaderamente un hogar, que se respire amabilidad, buen trato, respeto.

Para las personas de fe, el estallido social es un fuerte llamado de atención a preocuparnos de nuestro entorno y no quedarnos sólo dentro de las cuatro paredes de un templo, sino de las puertas hacia afuera.

El Papa Francisco lo dijo hace unos días: “La hermandad entre los hombres y la colaboración para construir una sociedad más justa no son un sueño fantasioso, sino el resultado de un esfuerzo concertado de todos hacia el bien común”. De eso se trata: de salir de sí, y partir desde la verdad del otro, de sus sueños, frustraciones, tristezas y alegrías. No es romanticismo. Es simple sobrevivencia. Ya sabemos lo caro que sale jugar al “todo está bien”. No estábamos en un oasis. Se incubaba un malestar que no supimos prever. Hora de abordarlo.

Se ha desempolvado un término interesante: endofobia. Es el rechazo o aversión hacia el grupo al que uno pertenece. La no valoración de los aspectos virtuosos de ella. Considerarlos como obvios, como datos evidentes del entramado social. En nuestro caso, la libertad, la democracia. Sin duda hay falencias. Muchas. Deben ser corregidas. Pero las corregiremos bien a partir del reconocimiento de los aspectos virtuosos de nuestra sociedad, que son fruto de un esfuerzo mancomunado y trabajoso.

Algunos se han empeñado en “corregir defectos” del modelo, es un buen inicio. Un aspecto simple es buscar salir de sí para conocernos más; para aprender del otro. Para no ser más extraños.

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