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Pagar impuestos hasta que duela… y más allá

Rafael Rodríguez Presidente Seminarium Penrhyn International

Por: Rafael Rodríguez | Publicado: Viernes 4 de agosto de 2017 a las 04:00 hrs.
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Rafael Rodríguez

En relación al tema tributario, hay un grupo de chilenos -en el cual me incluyo- que somos grandes clientes para el Estado, al menos al comparar los impuestos pagados con los gastos que demandamos al mismo, todo medido en términos porcentuales en relación a los ingresos generados.

Por la situación de trabajo afortunada -pero no regalada- pagamos la tasa superior que grava los ingresos, esto es 35%, lo cual no estaría mal si se compara con la tasa marginal de impuestos de los países OCDE, pero además hay que agregar el IVA de todo el consumo familiar, a lo cual se debe sumar las contribuciones de los bienes inmuebles, más el impuesto municipal por las sociedades donde se mantienen los ahorros.

Por pudor no voy a dar la cifra final de impuestos que me corresponde pagar; sólo voy a señalar que la aparentemente “normal” tasa de impuestos por las rentas del trabajo se eleva sustancialmente. Lo anterior no considera los impuestos pagados por las sociedades con participación en la propiedad; sólo contabiliza los impuestos personales y el de las sociedades donde están los ahorros personales.

Por el lado de los gastos, prácticamente no usamos los servicios públicos y tampoco pertenecemos a ninguna red asistencial; esto significa que no recibimos ningún bono, ni de invierno, ni en marzo, tampoco en las proximidades de alguna elección.

Por el lado de los beneficios del Estado, tenemos la posibilidad de acceder a los tribunales si lo requiriésemos, lo que rara vez ocurre. También lo es que en el evento de que Chile entrase en un conflicto bélico con otro país, nos beneficiaríamos del gasto en defensa. También usamos las calles por las cuales se puede transitar sin pagar peajes y recibir el beneficio de la iluminación de las mismas y la municipalidad también retira la basura de la casa. Hay que decir también que el municipio ha hecho esfuerzos por mejorar la seguridad; pero en el pasado nos han entrado a robar 4 veces.

Mis hijos han estudiado en colegios privados y los que han entrado a la universidad lo han hecho en planteles públicos, pero pagando precios privados, por lo tanto no hemos usado ni un solo peso del Estado. Todo lo contrario, hemos contribuido, supongo, al financiamiento de sus respectivas casas de estudios. Tampoco usamos la red de salud pública, lo que nos obliga a pagar isapres y acogernos a diversos seguros, privados todos. No usamos el Transantiago salvo los niños esporádicamente, por lo tanto somos sólo marginalmente beneficiarios de la inversión en estos servicios y es necesario decir que nunca han evadido su pago. Usamos transporte privado por el cual pagamos patentes e impuesto a la bencina, ambos al Estado, y seguros privados.

En síntesis, somos exprimidos por los impuestos y trabajamos varios meses del año sólo para pagarlos. Hay que pagar los impuestos antes que nada, en caso contrario se pagan intereses y multas.

El Padre Hurtado decía que hay que dar hasta que duela; pagar impuestos es dar parte del fruto del trabajo para que pueda ser gastado en beneficio de otras personas menos afortunadas y eso está muy bien, pero tengo que confesar que hace rato pasé el punto donde empieza el dolor.

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