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¿País OCDE? No todavía

Gonzalo Said Presidente Fundación Generación Empresarial

Por: Gonzalo Said | Publicado: Martes 31 de julio de 2018 a las 04:00 hrs.
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Gonzalo Said

Un grupo de expertos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) visitó recientemente Chile país para examinar en terreno los avances en materias legislativas y revisar medidas adoptadas respecto de sanciones al eventual cohecho de funcionarios públicos extranjeros. Esto, en el marco de la fase cuatro de la Convención Anti Cohecho de la OCDE y la Alianza Anticorrupción de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción. Para ello, se reunieron con distintas instituciones de la sociedad civil, como ONG, además de sindicatos, gremios y representantes de medios de comunicación.

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Cuando el informe final sea revelado en diciembre, probablemente tendremos como país una nueva dosis de humildad relativa a nuestras brechas con los países desarrollados. ¿Por qué? Por el escaso avance de las regulaciones anticorrupción y en la persecución del cohecho —corroborado por el comité visitante—, incluso tras los hechos más graves en nuestra historia republicana en estas materias.

Las penas propuestas por soborno y cohecho seguirán siendo más leves que las asociadas a robos menores, a pesar de la enorme diferencia en costos sociales y de confianza pública involucrados. Como fundación nos tocó exponer ante los expertos de la OCDE, justo el día de la exclusión del Consejo de Defensa del Estado, entre otras organizaciones, del caso Penta. El cierre de estos importantes casos, con sanciones prácticamente simbólicas, fue el contexto del trabajo de esta comisión.

Si una lección debiéramos sacar como país sobre los sucesivos malos resultados que obtenemos al compararnos con los países desarrollados desde que estamos dentro de la OCDE, es que el desarrollo no se obtiene sólo con crecimiento económico. Se trata también de desarrollo institucional y, principalmente, de cultura. Los elevados estándares que la ciudadanía exige y espera de sus autoridades y de quienes detentan poder, en general, son parte de dicha cultura.

La cultura, aunque parezca algo abstracto y etéreo, se diseña, se gestiona, se mide y se adapta. Generar un ecosistema o ambiente donde la integridad y la consistencia sean claves es algo que muchas empresas están impulsando, para estar mejor adecuadas a lo que la sociedad y sus propios trabajadores, accionistas y acreedores esperan de ellas. Cuando las empresas mejoran sus culturas internas, cuando construyen capital ético, hacen cambio social y nos acercan, como país, al desarrollo.

Con lo ocurrido en los casos de daño a la confianza pública en años recientes, hoy nos vemos más lejos del desarrollo de lo que pensábamos estar. Pero esto no debiera ser causa de desasosiego, ya que hay una buena noticia: gracias a esta radiografía de la realidad nos conocemos mejor y tenemos una idea más clara sobre cuáles son los desafíos que tenemos en nuestro camino hacia el desarrollo. Y por lo tanto, sobre los roles, oportunidades y responsabilidades que tenemos cada uno de nosotros, tanto individuos como organizaciones, para avanzar en esa vía.

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