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PADRE RAÚL HASBÚN CARGO

Por: PADRE RAÚL HASBÚN | Publicado: Viernes 30 de junio de 2017 a las 04:00 hrs.
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PADRE RAÚL HASBÚN

Su nombre significa piedra de roca, fundamento de la sustentabilidad y cohesión de un edificio. Jesús impuso este nuevo nombre a un pescador artesanal que se llamaba Simón, hijo de Juan. Es común entre los orientales que el nombre designe el oficio y destino de su portador. Quería, Jesús, que este Simón fuera Pedro, la roca fundamental de la Casa y Esposa de Jesús, que es la Iglesia. Y Jesús le dio a Simón Pedro, junto con las llaves de su Casa, la clave para autorizar, contraer y cancelar obligaciones vinculantes para su Esposa. Un mandato de confianza que sólo se justifica cuando el mandatario acredita excepcionales cualidades de prudencia, templanza, fortaleza y fidelidad.

Pero este Pedro era impulsivo, poco reflexivo. De temperamento "sanguíneo", según la caracteriología aristotélica. Jesús lo invita a caminar sobre las aguas del lago y Pedro acepta la invitación sin pensarlo dos veces. Hasta que, arreciando el viento y encrespándose el oleaje, dudó, temió y se hundió. La misma tara temperamental que lo hizo jurarle a Jesús solemnemente: "aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré. Estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte". No pasaron 3 horas y ya lo había negado tres veces: bajo juramento. Y no lo acompañó a la cárcel. Ni estuvo a su lado mientras agonizaba en la cruz. Ya antes había Pedro increpado al mismo Jesús, cuando éste predijo lo mucho que tendría que sufrir: "Tú no, Señor: ¡de ninguna manera!". Osadía impulsiva que le valió el más doloroso reproche: "¡apártate de mí, Satanás: no piensas como Dios, sino como los hombres!". Llamar "Satanás" a la misma persona a la que recién le había prometido entregar las llaves de su casa y la clave para atar y desatar obligaciones, daba motivo para pensar que Jesús pronto se arrepintió de haberlo llamado "Pedro" y contratado como su mandatario.

Pero no: las promesas divinas son irrevocables. Jesús no se escandalizó por la escandalosa negación de Pedro. Ni se desencantó por la extrema vulnerabilidad y cobardía de Pedro. Ni se arrepintió de haberle puesto ese nombre (que por lo ocurrido entre el jueves y el domingo de Pascua más designaba un terrón que una roca). Ni siquiera le echó en cara su negación y perjurio. Se limitó a preguntarle, 3 veces: "¿Me amas?". Y al escuchar 3 veces a Pedro afirmando: "Señor, Tú sabes que te amo", le confirmó 3 veces su confianza y mandato: "Cuida y guía a mis ovejas". En auténtica transmisión de mando, Jesús, el Pastor que da la vida por las ovejas de su Padre, ratifica a Pedro como su Vicario. Y le avisa que también culminará su mandato muriendo en la cruz.

Probablemente sea la escena del Evangelio más rica en consuelo, esperanza y enseñanza.

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