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Columnistas

02/12/2016

Perdónalos

Padre Raúl Hasbún

  • Por Padre Raúl Hasbún

    Padre Raúl Hasbún

    Jesús dijo, a propósito del matrimonio: "lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre"; y "el que mire a una mujer con malos ojos ya cometió adulterio en su corazón". Hasta ese extremo valoró y exigió respetar la dignidad de la mujer y del matrimonio, confirmando como hombre el sexto y el noveno mandamiento de los que es autor en cuanto Dios. ¿Se contradijo, Jesús, y derogó su reprobación a quienes violan la fidelidad conyugal, cuando ante una mujer sorprendida en flagrante delito de adulterio se abstuvo de condenarla y sólo la instó a no seguir pecando? Un juez conocedor del Derecho penal sentenciaría que si bien se configuró una acción tipificada como delito, concurrieron en la especie circunstancias al menos atenuantes de responsabilidad criminal: sus acusadores reconocieron públicamente ser ellos los instigadores y aprovechadores de la indefensión de su acusada. De ahí que se retiraran en silencio, uno a uno, comenzando por los más viejos, cuando Jesús invitó a quien estuviera libre de pecado a lanzar la primera mortífera piedra.

    ¿Derogó, Jesús, la ley moral que condena la prostitución como ultraje de la dignidad de la mujer y de su cliente? (Los cuerpos de ambos son templos vivos de Dios). La pecadora pública que irrumpió en el comedor del fariseo para lavar con sus lágrimas y ungir con perfumes los pies de Jesús ¿pretendía reivindicarse y ser reconocida como útil prestadora de servicios sexuales? El relato evangélico es explícito: ella lloraba sus muchos pecados y pedía mucha misericordia y perdón para recuperar su dignidad. Dolida, deseosa y decidida a reconquistar la belleza y alegría de los corazones puros, imploró y obtuvo el perdón de Jesús Salvador.

    ¿Era, Jesús, partidario o al menos permisivo de la sustracción y apropiación de lo ajeno? Cuando agonizaba crucificado entre dos ladrones, uno de ellos lo reconoció como Rey y, arrepentido de las propias fechorías, le suplicó a Jesús acordarse de él cuando estuviese en su Reino. Se le prometió: "hoy estarás conmigo en el Paraíso". ¿Canonizado por ser ladrón, o por llorar amargamente haberlo sido?

    Y cuando Jesús se hizo invitar por Zaqueo a cenar y alojar en su casa ¿estaba condonando el inicuo, insoportable gravamen que este millonario recaudador de impuestos para Roma hacía pesar sobre sus connacionales? La misericordia y delicadeza de Jesús lograron que el petizo Zaqueo volviera a erguirse en su estatura moral: "restituiré cuatro veces lo defraudado (justicia), y daré a los pobres la mitad de mis bienes (caridad)".

    Eruditos afirman, legos creen que Francisco, Vicario de Cristo, ha despenalizado el abominable crimen del aborto, porque faculta a todo sacerdote para absolver a quien, dolido y arrepentido, promete no violar otra vez la sacralidad de la vida inocente. Parafraseando a Jesús: "perdónalos, Señor, porque no saben lo que dicen".

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