Pilita Clark

Las bromas son más importantes que nunca en el trabajo

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Por: Pilita Clark | Publicado: Lunes 2 de noviembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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He tenido la suerte de haber trabajado con mucha gente inteligente y divertida, y pensé en todos ellos hace unos días cuando vi a Boris Johnson dar un discurso en línea en la conferencia anual virtual de su Partido Conservador. Allí estaba, con las manos en el aire y el cabello torcido, quejándose de tener que hablar con una cámara en un estudio silencioso de Londres en lugar del ruidoso salón de Birmingham que habría sido la sede de la conferencia, si no fuera por el Covid-19.

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Sin embargo, nos aseguró que pronto todo volvería a la normalidad: “Los peluqueros ya no actuarán como si estuvieran manipulando isótopos radiactivos” y no necesitaremos “saludarnos chocando los codos como si estuviéramos participando en una versión nacional gigante del baile de los pajaritos”.

El primer ministro británico siempre ha sabido cuánto apreciamos a un líder que no tiene miedo de bromear. Pocos gobernantes igualan su inquebrantable entusiasmo por un buen chiste.

Sin embargo, al ver su discurso, con torpes y pesados silencios donde podrían haber estado las risas de la multitud, sentí una punzada de pérdida. Fue un recordatorio de que la pandemia le ha robado un ingrediente básico a la política, así como a la vida laboral cotidiana: el humor.

No es que el ingenio y la alegría estén completamente ausentes en el día del trabajo desde casa. Mientras escribo, un amigo que está participando en una aburrida videoconferencia me envió un tuit de un bebé aburrido que me hizo reír a carcajadas. (Tienes que verlo con el sonido).

La gente en el trabajo dice que se divierte en las llamadas matutinas del equipo. Aparentemente, algunos canales de FT Slack son increíblemente entretenidos. No lo dudo, pero también siento que estos momentos aislados de diversión en línea no compiten con la forma en que los chistes rebotan en una oficina llena de gente.

Un buen ejemplo es el periódico de Sidney donde trabajé alguna una vez. Si todos hubiéramos estado escribiendo desde casa, no hubiéramos escuchado lo que sucedió cuando nuestro editor vio una foto de un avión de pasajeros que había realizado un aterrizaje de emergencia después de que un pedazo de su techo se había despegado en pleno vuelo como la tapa de una lata de sardinas. “Oh”, dijo. “Así es la clase económica”. Tampoco hubiéramos escuchado lo que murmuró el mismo hombre el día en que la sala de redacción se llenó del llanto de un bebé: “¿Dónde está Herodes cuando lo necesitas?”

Tal vez pienses que eso es positivo. Pero el punto es que un chiste tiene mucho más impacto cuando lo escuchan muchas personas a la vez. Eso es imposible cuando la audiencia está dividida entre cientos de hogares de trabajadores remotos.

¿Es importante? Quizás, teniendo en cuenta la cantidad de ejecutivos que me dicen que están preocupados por la rapidez con que los trabajadores remotos pierden el sentido de conexión con su empresa, especialmente el personal más joven y los recién llegados. El humor debe ser parte de la respuesta.

Los investigadores llevan años informando que, bien desplegado, el humor puede reducir los conflictos, impulsar la creatividad, mejorar la comunicación y, fundamentalmente, aumentar la retención del personal.

Un nuevo libro de dos profesores de la Universidad de Stanford llamado Humor, Seriously (Humor, en serio) ofrece algunas pruebas más recientes, aunque desconcertantes, que respaldan estos hallazgos.

Los datos de 166 países muestran que aproximadamente desde el momento en que ingresamos a la fuerza laboral, sufrimos una asombrosa pérdida de humor que no comenzamos a recuperar hasta que nos jubilamos. La cantidad de veces que reímos o sonreímos cada día comienza a caer en picada cuando cumplimos 23 años.

Aparentemente, una persona promedio de 40 años tarda 10 semanas en reírse de la misma forma en que lo hace un niño de cuatro en un solo día (hasta 300 veces). Sin embargo, el sentido del humor es mucho más útil para las personas de 40 años.

Un asombroso 98% de los líderes ejecutivos prefieren empleados que se puedan reír, según muestran las encuestas, y el 84% de ellos piensan que aquellos con sentido del humor trabajan mejor.

Afortunadamente, la investigación también muestra que no es necesario “ser gracioso” para beneficiarse. Aparentemente, es más importante ser capaz de indicar que tienes sentido de la diversión, por ejemplo, sonriendo o riéndote de los chistes.

Para algunos de nosotros, es mejor así. Los autores del libro tienen un cuestionario en línea que evalúa qué tipo de humor tienes. Después de contestarlo, corrí a buscar a mi pareja. “Acabo de hacer una prueba de mi sentido del humor”, le dije. “Qué bueno”, me respondió. “¿Lo encontraste?”.

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