Pilita Clark

Plan al estilo australiano para combatir el Covid-19

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Por: Pilita Clark | Publicado: Lunes 7 de diciembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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En un año típico, Australia tiene tanto impacto en la vida pública británica como esperarías de un país rico y libre de guerras con 25 millones de habitantes en el otro extremo del mundo; es decir, muy poco.

Desde el punto de vista de una antípoda trasplantada en Londres, éste no ha sido un año típico.

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Comenzó con la noticia del primer ministro Boris Johnson de que no importaba si Gran Bretaña no lograba el acuerdo comercial que la Unión Europea (UE) quería para fin de año, porque siempre podría obtener lo que él llamó un acuerdo “como el de Australia”.

Esta idea de un acuerdo comercial al estilo australiano despegó como un dingo atado a un cohete Saturno V. Sólo hubo cuatro días en todo el mes de octubre en los que el término no apareció en algún lugar en los medios británicos, según muestran las bases de datos de noticias. Eso es aún más sorprendente si se tiene en cuenta que Australia no tiene en realidad un acuerdo de libre comercio completo con la UE. Y ese fue sólo el comienzo.

Los ministros del gobierno de Johnson también resultaron estar interesados en un sistema de inmigración basado en puntos al estilo australiano y en un proceso al estilo australiano de enviar solicitantes de asilo a regiones remotas. Entonces nombraron a Tony Abbott -uno de los exprimeros ministros más polémicos de Australia- como asesor comercial del Reino Unido.

Estos recordatorios implacables de mi tierra natal han sido en cierto sentido un consuelo, especialmente desde que mi patria cerró sus puertas con tanta fuerza durante la pandemia que no tengo ni idea de cuándo volveré a verla.

Después de cerrar las fronteras en marzo, solo ha permitido que un puñado de vuelos desde el extranjero aterricen cada semana, dejando varados a tantos australianos en todo el mundo durante tanto tiempo que ha provocado preguntas de los funcionarios de derechos humanos. En un paso más parecido al estilo norcoreano, Canberra también ha prohibido que los residentes salgan de las costas de Australia, con el argumento de que podrían propagar el virus si alguna vez regresan a casa.

Por inquietantes que sean estas restricciones, plantean una pregunta que a menudo escucho de Australia: ¿por qué Johnson no tiene una política de Covid-19 al estilo australiano? O como dijo un amigo del estado de Victoria: “¿Es realmente cierto que ahora tienen 25 mil casos nuevos al día en el Reino Unido?”

Australia ha tenido menos de 28 mil infecciones durante todo el año y poco más de 900 muertes en comparación con más de 48 mil en el Reino Unido. Hay muchas razones para esto, pero incluyen un nivel de competencia básica que el gobierno de Johnson no ha podido lograr, especialmente en el frente de prueba y rastreo.

Sin embargo, el enfoque de Australia no ha sido perfecto ni uniformemente popular.

En julio cuando hubo cientos de casos en Melbourne, la capital de Victoria, los ministros impusieron una tormenta de toques de queda, órdenes de quedarse en casa y prohibiciones de viaje que equivalieron a uno de los confinamientos más estrictos del mundo.

“Tenemos que ponernos una mascarilla para ir de la puerta trasera al auto”, me informó un pariente aturdido en un pueblo rural con más koalas que semáforos y cero casos diarios.

Sin embargo, las reglas perduraron, las infecciones se desplomaron y ahora se ha reanudado algo semejante a una vida normal. ¿Podría suceder esto en el Reino Unido? No estoy segura. Si la historia de Japón sobre el uso de mascarillas y la experiencia de Taiwán con el SARS ayudaron a combatir el virus, el poder especial de Australia tal vez consista en su destreza en materia de política de seguridad pública o, como diría Johnson, su Estado-niñera.

Fumar está prohibido en Bondi Beach desde 2004. Victoria fue el primer lugar del mundo en hacer obligatorio el uso del cinturón de seguridad, en 1970. Los conductores de carreteras australianos enfrentan la amenaza constante de pruebas de alcoholemia aleatorias e interminables señales que les advierten que tomen descansos, planifiquen las curvas y respeten el límite de velocidad.

Hace poco en Victoria, mi pareja y yo fuimos a una cena en la que él pasó fácilmente la prueba de aliento con el kit para el hogar que nuestro anfitrión le administró al salir, y se puso al volante con confianza para conducir a casa. En cuestión de minutos, un policía lo había arrestado en una carretera vacía, por no bajar las luces altas suficientemente rápido.

En ese momento yo sí estaba enfurecida. Hoy, cuando comienzo otro mes de vida encerrada mientras mis amigos de Sidney celebran las elecciones estadounidenses con fiestas, un poco de rigor al estilo australiano parece muy atractivo.

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