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Pilita Clark

Siempre respeto las leyes, excepto cuando ando en bicicleta

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Por: Pilita Clark | Publicado: Lunes 7 de mayo de 2018 a las 04:00 hrs.
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En abril, cuando el sol finalmente comenzó a brillar en el Reino Unido, comencé a viajar al trabajo en bicicleta. Apenas salí, tuve un pensamiento familiar: los ciclistas de Londres son abominables. Se pasan las luces rojas. Se deslizan a lo largo del pavimento. Andan por las calles de un solo sentido en sentido contrario y cruzan los cruces de peatones antes de que los peatones hayan tenido tiempo de cruzar.

Lo digo con confianza, porque soy una ciclista. He hecho la mayoría de estas cosas y un par de otras también, como usted lo sabría si hubiera estado en el mercado de carne de Smithfield hace unos días. “¿No puedes leer?”, me gritó una mujer mientras pedaleaba a través del mercado detrás de una fila de ciclistas que hacían lo mismo. Me detuve para mirar las palabras desteñidas a las que apuntaba la mujer y finalmente distinguí el mensaje: “No se permite el ciclismo”.

Me bajé y caminé. Pero no tengo ninguna intención de respetar totalmente las normas de las calles de Londres, que van en contra de los ciclistas. Creo que pasa lo mismo en Nueva York y muchas otras ciudades grandes que obligan a los ciclistas a elegir entre la vida y la legalidad.

En mi defensa, soy absolutamente respetuosa de la ley cuando estoy circulando en los mejores tramos de los 65 kilómetros de las “superautopistas” para ciclistas que se han construido en Londres desde 2010, con sus brillantes barreras de hormigón y semáforos especiales para ciclistas. Lo mismo ocurre con los 100 kilómetros de “caminos tranquilos” que guían a los ciclistas por las calles de la ciudad. Pero estos refugios cubren sólo una fracción de las calles de Londres y es una maravilla que estén ahí, teniendo en cuenta cuánto se quejan los conductores por ellos.

La ciudad todavía está construida para automóviles, a pesar de que sólo transportan a 5% de las 1,3 millones de personas que llegan al centro durante las horas de mayor congestión en la mañana. Por eso hago lo que puedo para sobrevivir. Si puedo evitar una línea amenazante de tráfico subiéndome a una vereda vacía por unos pocos metros, lo haré.

Si pasarme una luz roja, cuando no hay autos a la vista, me permite seguir adelante con seguridad, lo haré también (por cierto, esto ha sido legal para los ciclistas durante años en ciudades como París). Y si alguna vez estoy cerca de un camión, las leyes no se aplican. Los funcionarios dicen que los camiones han estado involucrados en 53% de las muertes de ciclistas de Londres en los últimos años, y en 18% de las muertes de peatones, a pesar de que representan sólo 4% de las millas recorridas.

Debo agregar aquí que, al igual que la mayoría de los trabajadores que andan en bicicleta en las ciudades, soy patéticamente cautelosa.

Teniendo en cuenta los momentos en los que casi he golpeado a un ciclista al conducir, uso un horrible chaleco de alta visibilidad amarillo y mi bicicleta está llena de luces de seguridad. Me acerco a las intersecciones letales como una gacela cerca de la guarida de un león, ansiosa por no convertirme en una víctima más, como los 400 ciclistas muertos o seriamente lesionados en la ciudad en casi todos los años desde 2013.

Nunca se me ocurriría andar en una bicicleta de piñón fijo, o “fixie”, sin frenos delanteros y engranajes fijos, como la que tenía un adolescente cuando derribó y mató a una mujer en el este de Londres en 2016.

Este trágico accidente provocó un furor comprensible, y el gobierno está considerando establecer penas mayores para los ciclistas irresponsables. Eso es justo. Pero quisiera que a los conductores que se estacionan en los carriles para bicicletas también se les cobraran más multas, especialmente los que abren sus puertas y golpean a los ciclistas que pasan. La verdad es que los ciclistas son mucho más propensos a ser víctimas de muerte en carretera que perpetradores.

Entre 2007 y 2016, 98,9% de las muertes de peatones en Gran Bretaña que se produjeron en colisiones en una acera o la franja de césped entre la acera y el bordillo implicaron algún tipo de vehículo de motor, no una bicicleta. Ni un peatón fue asesinado por un ciclista que se estaba pasando una luz roja. Esto no lo sabría si escuchara al secretario de Transporte anticiclista, Chris Grayling (quien una vez le pegó por accidente a un ciclista al abrir la puerta de su auto). Él piensa que algunos carriles de ciclismo son “un problema” para los usuarios de las calles y se ha quejado de los ciclistas que violan la ley.

Sin duda, las cosas mejorarán a medida que surja una nueva generación de líderes con una opinión positiva de las bicicletas. Vivo con la esperanza de que algún día esta ciudad estará cubierta de autopistas de ciclismo, donde los camiones están prohibidos en las horas de mayor congestión y donde es legal pasar las luces rojas. Hasta entonces, siempre que haya una opción entre obedecer las reglas y permanecer viva, pretendo permanecer en el lado equivocado, pero más sano, de la ley.

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