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Pobreza, hacinamiento y educación

Profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Chile

Por: Dante Contreras | Publicado: Viernes 24 de marzo de 2017 a las 04:00 hrs.
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A pesar de las significativas mejoras en el nivel de bienestar exhibidas durante los últimos años, América Latina sigue siendo una región con elevados niveles de pobreza y desigualdad. La privación material es una consecuencia directa de la situación de pobreza por insuficiencia de ingresos, y la condición de hacinamiento surge como una variable relevante en el análisis de dicha privación. Conocer la existencia de hacinamiento permitiría una mejor identificación del nivel de precariedad que presenta un hogar.

Según el último Estudio Regional Comparativo y Explicativo de Educación, América Latina posee un 19,41% de niños que viven en hogares con algún grado de hacinamiento, siendo Nicaragua el país que presenta la tasa más alta (55,14%), seguido por Guatemala (44,23%) y El Salvador (37,16%).

Está ampliamente documentado que la existencia de ciertos factores socioeconómicos determinantes de la situación de pobreza, como el ingreso y la educación de la madre y del padre, influyen en el rendimiento escolar de un niño. Sin embargo, la condición de hacinamiento ha recibido menos atención. De hecho, ciertos niveles de hacinamiento podrían afectar significativamente el desempeño de un estudiante, modificando el set de oportunidades que podría llegar a tener en el largo plazo.

En un hogar hacinado, la falta de espacio determina la forma en que los miembros de la vivienda se relacionan y enfrentan la cotidianeidad. Un lugar más hacinado podría propagar con mayor facilidad enfermedades, determinando así el nivel de ausentismo del niño al establecimiento educacional. Por otro lado, se podría generar mayor contaminación acústica, imposibilitando la concentración del escolar. Además, una desgastada relación social tanto dentro como fuera del hogar, falencias en el cuidado de los niños y problemas en la interacción entre padres e hijos.

La falta de espacio y la precariedad de un hogar, sumada a un barrio que posea características similares, puede conllevar una baja calidad de vida. Se puede desprender que, de existir una sustitución entre el tiempo que pasa un niño en un hogar hacinado y el que destina a estar en las calles de su barrio, éste quedaría más expuesto a un contexto de vulnerabilidad social, en el que se pueden distinguir problemas de crimen, violencia y drogadicción.

En una investigación reciente (Contreras, Delgadillo y Riveros, 2017) se examina si, controlando por factores socioeconómicos del hogar, existe un efecto del hacinamiento en el desempeño académico de los niños en América Latina. Para ello se utilizaron datos del Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo (SERCE) aplicado a 16 países de América Latina.

Los resultados muestran que la influencia del hacinamiento sobre el puntaje de lenguaje y matemáticas es negativa y estadísticamente significativa. El efecto encontrado para la variable de hacinamiento es mayor a la incidencia que tienen otros factores socioeconómicos sobre el rendimiento escolar. Por ejemplo, en los resultados de lenguaje, el impacto de los niveles de educación secundaria y terciaria de la madre es significativamente menor al asociado a la condición de hacinado. Para el caso de matemática, el coeficiente que identifica el efecto del hacinamiento también es significativamente mayor al de la variable de educación secundaria de la madre.

Se estudia además si un niño que vive en un hogar hacinado podría sustituir el tiempo que dedica a realizar actividades académicas en su vivienda. Para ello, se evalúa la existencia de biblioteca en el colegio del alumno y las horas que éste último pasa en el establecimiento educacional. Se encuentra que al aumentar tanto el porcentaje de establecimientos con biblioteca como las horas que el niño pasa en el colegio, el rendimiento escolar aumenta, sin embargo dichos resultados no compensan las consecuencias del hacinamiento.

Políticas públicas que mejoren la calidad del tiempo de los niños en las escuelas tenderían a compensar dichos efectos. Además, políticas de vivienda tendrían impactos indirectos pero positivos sobre el aprendizaje de los escolares.

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