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Por qué los inversionistas ignoraron los disturbios en el Capitolio

Rana Foroohar© 2021 The Financial Times Ltd.

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Normalmente, cuando un mercado financiero sube en medio de un golpe del Estado o una inestabilidad política extrema, es porque los izquierdistas han perdido y se han liberado los instintos animales de los negocios. Pero la semana pasada en Estados Unidos hubo un resultado diferente. Los mercados de valores se recuperaron, incluso cuando un grupo de insurgentes pro-Donald Trump irrumpió en el Capitolio de EEUU. En resumen, la razón es que los inversionistas aclamaron que una nueva administración demócrata que también controla el Congreso está a punto de asumir el control.

El Presidente electo Joe Biden seguramente aumentará los impuestos corporativos y aumentará las regulaciones. Desde la perspectiva de los líderes empresariales, eso nunca es bueno. Pero en las elecciones de la semana pasada en Georgia, los demócratas ganaron dos escaños en el Senado, lo que le dio al partido de Biden dominio sobre ambas cámaras del Congreso. Eso significa que los demócratas también podrán impulsar el estímulo fiscal en áreas que van desde el gasto en infraestructura y atención médica, hasta la educación y la ayuda a los estados. Eso, a su vez, complementará el enorme apoyo monetario que aún proviene de la Reserva Federal estadounidense. Las empresas, que le habían exprimido todo lo que pudieron a Trump, están desesperadas por ese tipo de combinación sincronizada de estímulo fiscal y monetario.

Durante años, sólo hemos tenido este último. Las acciones de los banqueros centrales, combinadas con miles de millones de dólares de inversión indexada pasivamente que simplemente fluye hacia donde va el mercado, han eliminado gran parte de la función habitual del mercado de determinación de precios. Sin embargo, la desconexión de la realidad económica no durará para siempre.

Según escribió recientemente el sabio inversionista Jeremy Grantham: “El larguísimo mercado alcista desde 2009 finalmente ha madurado hasta convertirse en una burbuja épica, en toda la extensión de la palabra”.

¿Cómo podría no serlo? Las bajas tasas de interés han fomentado una avalancha masiva de deuda, de la cual muy poca es productiva. Desde 1980, la deuda total de EEUU aumentó del 142% del PIB al 254% en 2019. Como ha señalado el economista Atif Mian: “Si todo este crédito adicional se destinara a inversiones productivas. . . deberíamos haber visto un auge en la inversión. En cambio, la proporción de la inversión en la producción nacional disminuyó de un promedio del 24% durante la década de 1980 al 21% durante la década de 2010”.

Parte de esa disminución se debe al auge de la economía digital y a que las compañías de plataformas tecnológicas parecen requerir menos inversión de capital. Otro asunto más preocupante es que las compañías también invierten gran parte de su efectivo sobrante en recompras de acciones. Al mismo tiempo, la inversión pública del tipo que crea un crecimiento ampliamente compartido alcanzó su punto máximo a finales de la década de 1960. Sin embargo, la historia muestra que los extensos auges de productividad se producen cuando el gobierno invierte en tecnologías innovadoras — los ferrocarriles o el Internet en el pasado; la tecnología 5G o tecnología verde en la actualidad — que luego comercializa el sector privado.

El plan de Biden de “reconstruir mejor” tiene el propósito de hacer precisamente eso en áreas como la energía renovable y la banda ancha. La barrida demócrata hace que sea más probable que pueda implementar su plan. Además de eso, está la ventaja de que Trump se irá pronto.

Todo esto demuestra que estamos al final de una era. El crecimiento “financiarizado”, basado en la deuda y las burbujas de activos, debe ser sustituido por algo real, al igual que el presidente actual debe ser sustituido por un líder real. La insurrección de la semana pasada en Washington sólo puso de manifiesto que el futuro de la democracia liberal estadounidense se basa en la creación de una economía política más estable, una que genere más y mejores empleos para las personas que, de otra forma, podrían verse tentadas a apoyar al próximo autócrata local.

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