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Rafael Mies

Educación Superior y empresa

Por: Rafael Mies | Publicado: Jueves 31 de julio de 2014 a las 05:00 hrs.
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Las universidades y las escuelas de administración son un claro ejemplo de la transformación que ha tenido nuestro país en el último tiempo. Si atendemos a la enorme oferta de carreras nuevas y a los contenidos de las mallas curriculares, seremos capaces de comprender cómo las actuales instituciones educativas han debido acomodar sus contenidos y procedimientos a la aplicación práctica del conocimiento humano.

A primera vista las actuales universidades no difieren, en apariencia al menos, de las tradicionales del siglo pasado; los nombres de las carreras básicas, como ingeniería, derecho y ciencias, se mantienen. Pero la diferencia básica se encuentra en su concepto más profundo: la relación conocimiento, alumno y empresa.

En primer lugar, respecto del conocimiento, podemos notar un gran cambio. Las universidades tradicionales se orientaban principalmente al valor del conocimiento en sí mismo. Hoy en día, por diversas razones, las universidades parecen estar orientadas mucho más a las demandas concretas de la sociedad y no a los puros intereses académicos. Claro ejemplo de ello resulta el aumento de carreras técnicas y la disminución correspondiente de estudios únicamente especulativos.

En segundo lugar, las casas de estudios advierten, cada vez con más fuerza, que el alumno tiene un genuino interés en poder aplicar algún día en su trabajo lo aprendido en la universidad o instituto de formación superior. Esto ha significado, entre otras cosas, que muchos de los habituales contenidos académicos se estén convirtiendo en estériles si no van acompañados de una aplicación práctica de los mismos.

Por último, dada la enorme cantidad de información y nuevas posibilidades de aprendizaje que la misma actividad profesional provee, ninguna universidad o instituto de formación profesional es capaz de transmitir toda la actualidad de conocimiento que una persona requiere para enfrentar exitosamente todo su desarrollo profesional. Además, al poco tiempo de haber aprendido una teoría, o especialidad práctica, la experiencia demuestra que una parte importante de esos conocimientos, solo por los avances tecnológicos, se vuelven insuficientes u obsoletos.

Con todo esto las empresas enfrentan un nuevo desafío, hasta hace poco impensado dado su carácter económico: la responsabilidad conjunta con las universidades y escuelas de administración de proveer una educación permanente a sus trabajadores.

Este nuevo enfoque “educativo de la empresa” implica una visión institucional muy al tanto de las necesidades de contenidos y habilidades prácticas de sus empleados. 
Hoy por hoy una “educación profesional de calidad” conlleva, por tanto, una profunda alianza entre empresas y casas de estudios superiores, en que las empresas, por una parte, puedan beneficiarse de los conocimientos frescos que del mundo universitario emanan, y por otra, sean ellas las que provean a las mismas universidades de materias concretas de investigación y desarrollo, en beneficio de su capital humano y sus ventajas competitivas.

¿Será este el rumbo que está tomado la educación superior chilena?

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