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Rafael Mies

Japón: reacciones encontradas

Chile no ha estada para nada ajeno al inmenso drama que viven los japoneses tras su terremoto y tsunami. Las imágenes han sido...

Por: Rafael Mies | Publicado: Jueves 17 de marzo de 2011 a las 05:00 hrs.
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Chile no ha estada para nada ajeno al inmenso drama que viven los japoneses tras su terremoto y tsunami. Las imágenes han sido desgarradoras y mucho más explícitas, incluso que las que nosotros pudimos obtener de nuestra propia catástrofe el año pasado.



Sin embargo, he podido reconocer en nuestra gente reacciones diametralmente distintas frente a esta tragedia. Reacciones que nos hablan de chilenos con talante y valores muy diferentes y que explican porque algunos son capaces de transformar la sociedad, en todo sentido, y otros no tanto.

En primer lugar, me ha llamado la atención aquellos que han reaccionado desde el miedo. Miedo a tener que revivir nosotros otra tragedia parecida. Miedo a los reactores nucleares cuyo descontrol tiene en vilo a la población mundial. Miedo incluso a la caída de los mercados bursátiles que puedan afectar en algo sus activos financieros de corto plazo.

Sin querer juzgar al que siente temor, si hay que señalar que éste es el más pobre y egoísta de los afectos, pues tiene su centro en algo externo, no controlable y que me puede dañar. De ahí que el efecto más potente del miedo es la desesperanza o la huída. Lo más tranquilizador para estos es que en el peor de los casos la nube radiactiva parece que no llegará a Chile.

En segundo lugar, y ha sido el de la mayoría, me he topado con mucha gente que me ha manifestado la pena por lo que está pasando. La compasión (padecer con) por tantas personas que han visto destruida sus familias, salud y pertenencias. 
No tengo dudas que este sentimiento es mucho más noble que el anterior, pues es capaz de empatizar con el sufriente, ponerse en sus zapatos, no desde el miedo, sino desde el dolor que un ser humano está sintiendo. A diferencia de los animales que sí sienten miedo, el ser humano es el único que puede sentir pena al hacerse parte del dolor del prójimo.

Por último, hay algunos que han reaccionado desde el amor. En ellos, no se trata sólo de sentir pena y compadecerse, sino de considerarse obligado a hacer algo por el que está sufriendo. Salir del sentimiento propio e ir a la ayuda efectiva en este caso del pueblo japonés.

El amor es el motor de la solidaridad, ya que pone el acento ciento por ciento en la ayuda efectiva que alguien necesita para salir o mitigar su dolor, es decir fuera del “ego” . Por ello es que el amor es el más noble y fuerte de los tres, pues se encuentra en las antípodas del egoísmo. 
Actos de amor con el pueblo japonés han sido muchos, desde cadenas de oración, hasta poner al servicio conocimientos teóricos y prácticos para enfrentar sus problemas. Sólo como ejemplo, un argentino que ayudó en Chernobyl y que por ello resultó con problemas de salud, ahora se volvía a poner a disposición como voluntario para ayudar en la tragedia de los reactores de Fukushima.

Como señalaba al inicio, estas formas diferentes de enfrentar la desventura tienen la capacidad de mostrar nuestros valores personales. 
Lo más probable es que en nosotros se mezclan los sentimientos de miedo, tristeza y amor. Pero es importante considerar que no se combinan con la misma intensidad y que sí somos responsables de buscar un equilibrio entre los tres, ya que una buena mezcla seguro dará una reacción y un fruto más valioso para los japoneses.

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