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Rafael Mies

Liderarse para liderar

Rafael Mies Ph.D. Académico ESE Business School y profesor visitante U, San Diego, California

Por: Rafael Mies | Publicado: Viernes 22 de junio de 2018 a las 04:00 hrs.
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Estados Unidos es conocido por ser símbolo de muchas cosas. Es, sin duda, la nación que mejor encarna los atributos de libertad individual y creo la única que aún genera esa sensación de que cualquiera puede ver realizados sus sueños personales.

 Imagen foto_00000003Además, en el campo donde me desenvuelvo es la cuna de prácticamente todas las teorías de liderazgo que hoy conocemos. Liderar está en el ADN mismo de la sociedad americana. Desde pequeños ya están expuestos a historias de héroes y superhéroes que salvan y transforman el planeta. Las biografías de Lincoln, Martin Luther King Jr., Kennedy y muchos otros líderes se transforman en modelos no sólo en su país, sino prácticamente en todo el mundo.

Alguien que visita Estados Unidos de vez en vez, por vacaciones o negocios, difícilmente entenderá por qué esta nación es tan prolifera en términos de liderazgo. Pero cuando uno ya lleva un par de años conviviendo con sus habitantes, empieza a entender las razones de fondo que explican este fenómeno. Sólo para graficarlo de forma clara, basta observar cómo la sociedad americana enfrenta el trabajo y el futuro personal.

En general, desde pequeños los niños aprenden a trabajar y a buscar cómo generar sus ingresos y ahorros. “Ganarse la vida”, con independencia de la buena o mala fortuna económica de los padres, es algo que se enseña en la escuela, la casa, los clubes, etc. La consecuencia es que muchos entienden que su futuro depende de ellos y que no va a existir ni un Estado, ni una empresa paternalista que se hagan cargo de resolver sus problemas personales.

Por eso allá nadie se escandaliza porque la ley laboral permita los despidos sin indemnización por años de servicio. Es responsabilidad de cada uno liderar su propia vida y así mantener su fuente laboral. Es así como también es responsabilidad de los líderes retener a sus talentos y movilizarlos con generosos incentivos al logro de objetivos comunes.

Liderarse y liderar a otros son las dos caras de una misma moneda en la cual se basa la típica cultura de trabajo americana. Hacerse cargo de su propia vida hace la gran diferencia en cuanto a liderazgo, pues supone las virtudes de la templanza y el autocontrol.

Cuando allá se escuchan noticias como el cierre de la planta Maersk, en la cual quedan desempleadas 1.200 personas y donde la culpa parece residir en el sindicato o las malas asesorías a sus dirigentes, uno entiende la distancia cultural abismal que existe entre Chile y Estados Unidos. Al final del día, los que se quedan sin fuentes de ingreso personal y familiar son los trabajadores que pensaron que otros se iban a preocupar de su futuro mejor que ellos mismos. Y eso, definitivamente pasa poco en este país del norte.

Si queremos cambiar Chile no debemos esperar a que nuestra juventud llegue a la universidad para aprender a liderarse para liderar. Esto sólo se aprende en la casa y en los primeros estadios de formación primaria. Es ahí donde vale la pena poner el esfuerzo si queremos cambiar de fondo la cultura asistencialista que nos está matando.

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