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Rafael Mies

Lo que la gente quiere...L

Rafael Mies Ph.D. Profesor titular Cátedra de Capital Humano Coca Cola Andina ESE-Universidad de Los Andes

Por: Rafael Mies | Publicado: Jueves 20 de octubre de 2016 a las 04:00 hrs.
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Resulta impresionante cómo muchos líderes asumen sin pudor alguno la capacidad no solo de entender “lo que la gente quiere”, sino además ofrecerlo como un “paquete de beneficios” a ser entregado en el caso de ser elegidos.

Lo que sobresalta de esta forma de ver y entender el liderazgo -sobre todo el político- es que encierra al menos tres grandes quimeras que, cuando se olvidan u ocultan, hacen de su ejercicio una actividad llena de vicios que a poco andar pone en duda su legitimidad y capacidad para afectar positivamente la vida de los ciudadanos.

En primer lugar hay una simplificación o caricatura de quién es “la gente”. ¿Son acaso los que fueron a votar y cuyo candidato salió electo? ¿Son aquellos que activamente participaron en las encuestas y fueron determinantes para elegir a “los líderes”? ¿Son las minorías que se toman las calles y se manifiestan muchas veces amedrentando física o psicológicamente a las autoridades y demás ciudadanos? ¿Todos? ¿Ninguno?

La verdad es que debemos partir reconociendo que cada uno de nosotros no somos “esa gente” en abstracto. Muy por el contrario, somos personas de carne y hueso que nos vinculamos con otras personas, también de carne y hueso, y que compartimos el desafío diario de sobrevivir, de no enfermarnos, y de pagar las cuentas y que nos hacen únicos e irrepetibles y por lo mismo incapaces de ser reducidos a un concepto general de “la gente”.

En segundo lugar, y aún más prosaico, es la pretensión de saber “lo que la gente quiere”. Muchos pensadores, escritores, filósofos y gente corriente pero con sentido común, han llegado a concluir que lo más difícil para una persona es saber lo que realmente quiere de su existencia. No puedo dejar de mencionar al Viktor Frankl y su maravillosa obra “Hombre en busca de sentido”, donde crudamente, desde el campo de concentración, relata lo poco que necesita alguien para sobrevivir: “unos cordones, un cigarro, cambiar un pedazo de pan por un chaquetón...” Por lo mismo, resulta imposible definir con un par de frases o propuestas aquello que la gente quiere y necesita para ser feliz.

Por último, es impensable sostener que alguien pueda, por el simple hecho de ser elegido y adquirir una dosis de poder, ofrecer “solucionar” el problema de la gente. Su jubilación, su empleo, su salud, etc. Todas realidades profundamente complejas y que encierran percepciones y expectativas que poco tienen que ver con muchas medidas que aparecen en los programas de Gobierno.

Qué bien nos haría tener más humildad en el discurso político, donde los líderes de hoy debieran verse a sí mismos mucho más como facilitadores de herramientas y posibilidades que definidores del mejor destino de la gente.

Existen personas no “gente”, y en este periodo de elecciones ojalá aquellos que quieren ejercer el liderazgo tengan la humildad de reconocer que estamos en una sociedad mucho más madura y consciente de sus necesidades. Deben reencontrase más con “la señora Juanita” y su sabiduría y menos con un programa de campaña que lo más probable no podrá ser cumplido.

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