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Rafael Mies

Peleas pequeñas o falta de liderazgo

Rafael Mies Profesor titular Cátedra de Capital Humano Coca Cola Andina ESE-Universidad de Los AndesP

Por: Rafael Mies | Publicado: Miércoles 15 de marzo de 2017 a las 04:00 hrs.
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Justo antes de terminar las vacaciones y comenzar su último año de mandato, la Presidenta Michelle Bachelet hizo un llamado a la Democracia Cristiana y al Partido Comunista a dejar las peleas pequeñas. Este insólito emplazamiento lo hace cuando a Mariana Aylwin, emblemática militante de la DC, Cuba le impone un veto por considerarla poco democrática impidiéndole así la entrada al país caribeño, con la consiguiente y muy justificada molestia del partido.

En efecto, Michelle Bachelet en vez de defender a un militante de su coalición gobernante prefiere reducir fricciones, mantener intacta su amistad con Cuba, prestarle ropa al PC y solicitar a su partido aliado que no siga alegando y se sume a un increíble silencio frente a tan impresentable acción del gobierno cubano.

Más allá de las razones personales de esta petición de la Presidenta para “dejar de lado las peleas pequeñas”, vale la pena centrarse en el origen y las consecuencias de este llamado.

En el origen solo me caben dos explicaciones. La primera: la Presidenta realmente cree que las diferencias entre el PC y la DC son pequeñas. Esta posibilidad existe, aunque es bastante inverosímil pues supone una suerte de ignorancia inexcusable de la mandataria frente a dos partidos que poco tienen en común salvo un deseo compartido de estar en el poder.

La segunda, es que la Presidenta esté usando una estrategia para reducir cualquier conflicto cuando éste no está alineado a su propia agenda. Esta peripecia de la mandataria está más en línea con lo que ha sido el tradicional actuar del gobierno, pero imposibilita el ejercicio de liderazgo a cualquiera que esté bajo su poder.

Por cierto, liderar, como señala Ronald Heifetz, es movilizar personas por caminos difíciles y de frustración. El reclamo de la Democracia Cristiana puso al gobierno y sus socios del Partido Comunista en una posición incómoda y de difícil solución técnica. Este significativo episodio, sin buscarlo, era una excelente oportunidad para que la DC pudiera ejercer un liderazgo y exigir una respuesta satisfactoria. Sin embargo, renunció a ella y optó por la aparente tranquilidad del gobierno. Sin darse cuenta, o ya acostumbrada a ceder su posición, la DC hipoteca su credibilidad en vez de ejercer un liderazgo basado en convicciones.

Dejar a todos contentos, minimizar los problemas en vez de enfrentarlos, es también la gran tentación de las candidaturas presidenciales que hoy corren. Para el caso de Alejandro Guillier, esta ha sido la estrategia que le ha asegurado el éxito en las encuestas hasta ahora, pero no cabe duda que de mantener esa táctica será la causa de su derrota. Sebastián Piñera al menos parece tener un carácter un poco más fuerte, pero hasta el momento no parece estar dispuesto a ofrecer un programa que a muchos les puede no gustar, y esa sería la gran posibilidad de Guillier.

Cuando de valores se trata, no existen peleas pequeñas, solo falta de fuerza y convicción en el ejercicio del liderazgo.

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